Somos una red global de organizaciones formadas por personas que han perdido a sus seres queridos o han sido afectados directos de guerras, armas nucleares, terrorismo, genocidio, crimen organizado o violencia política.
Trabajamos juntos para romper las espirales de la violencia y la venganza; siendo un compromiso nuestro honrar las memorias de las víctimas y la dignidad de los supervivientes.
Nuestra tarea es transformar nuestro dolor y pérdida en acciones por la paz.
CONVOCATORIA PARA EL CERTAMEN “ÓSCAR ABRIL” DE RELATOS, PARA ESCRITORES JÓVENES
El tema imprescindiblemente deberá contener valores humanos, tales como la paz, la solidaridad, la libertad, la convivencia o cualquiera de los Derechos Humanos, deberá ser original e inédito y no haber sido premiado en ningún concurso literario. Cada autor podrá enviar un máximo de DOS trabajos
Podrán participar jóvenes españoles o extranjeros que no tengan cumplidos los 25 años de edad en fecha 1 de Enero de 2010, presentar los textos en lengua castellana y por quintuplicado con extensión mínima de 5 hojas y máxima de 8, por una sola cara en formato DIN A-4, a doble espacio, tipo de letra Times New Roman de 12 puntos.
Dotación: Un único premio de 400 euros, y estatuilla de bronce.
Los relatos deberán presentarse obligatoriamente bajo seudónimo, adjuntando plica cerrada en la que en su exterior figure título y seudónimo y dentro nombre, apellidos, dirección, teléfono, correo electrónico (si lo tiene) y fotocopia DNI. Si no es Español, fotocopia de otro documento que lo identifique.
Los trabajos se enviaran por correo postal (NO se aceptará por correo electrónico), a la siguiente dirección:
AYUNTAMIENTO DE ALFAMBRA
“Asociación Grupo Literario Cultural Alfambra”
CERTAMEN DE RELATOS “ÓSCAR ABRIL”
C/ ESTUDIO, 21
44160 ALFAMBRA (TERUEL)
El plazo de admisión finaliza el 1 de Abril del 2010 a las 24 horas. (Se aceptarán los recibidos con matasellos anterior a esta fecha) y el fallo del jurado se hará público el día 15 de Junio de 2010. Unos días antes se dará a conocer los finalistas. La organización se pondrá en contacto de forma directa con el ganador o ganadora.
Constituyen el jurado figuras de reconocido prestigio en el mundo cultural y literario.
El ganador o ganadora se comprometen a acudir personalmente a recoger el premio, en caso de fuerza mayor, delegará en persona capaz, mediante escrito de autorización, la persona autorizada estará obligada a mostrar documentación fehaciente.
El Grupo Literario organizará un acto cultural para la entrega de galardones en la localidad de Alfambra (Teruel), el sábado 31 de Julio del 2010.
Los gastos de alojamiento para dos personas, una noche, (NO desplazamiento) serán por cuenta de los organizadores. En caso de no asistir el ganador o representado, el premio quedará en poder del grupo literario de Alfambra.
Igualmente se convoca para el IV Certamen Literario de RELATOS CORTOS y POESÍA 2010
Bases completas en el documento adjunto:
Desde el día 16 de Febrero hasta el día 7 de Marzo
Permancerá abierta al público la exposición en Fuenlabrada,
“Trazos y Puntadas para el Recuerdo”- “Una Ventana de Paz en Fuenlabrada”.
Será en el Espacio de Usos Múltiples “Tomas y Valiente”
Calle Leganés, nº 51
Inauguración:
Martes, 16 de febrero a las 19 h.
Horario:
De lunes a sábado de 10 a 14 horas y de 17 a 21 horas.
Domingos y festivos de 17 a 20 horas.
Comunicaciones:
Cercanías, parada La Serna
Metro Sur, parada Parque de los Estados
M-40 dirección A-42 salida 25,
A-42 dirección Toledo salida 16 hacia Fuenlabrada
M-50 dirección Badajoz, salida Fuenlabrada.
Queremos que conozcáis y compartáis el compromiso de nuestra organización en el proceso de concienciación social contra la violencia y el terrorismo y mostraros nuestra disposición a compartir y devolver, en lo posible, la solidaridad que hemos recibido.
La exposición es una muestra de gratitud a la sociedad solidaria que nos arropó y lo sigue haciendo, convirtiéndose a la vez en un vehículo que trasmite nuestros valores y nuestra forma de ver la vida después del atentado. Por lo tanto la exposición no sólo son cuadros, poemas, tapices, etc. sino que todos y cada uno de nosotros somos parte de ella.
Adjuntos:
Más información en Cadena Ser - Madrid Sur:
‘Trazos y puntadas para el recuerdo’ de las víctimas del 11M en Fuenlabrada
Arte y muchos recuerdos del 11- M

El pasado 12 de febrero fue el día internacional contra la utilización de niños y niñas soldado.
María tenía sólo 12 años cuando fue reclutada por la guerrilla en Colombia. Como niña soldado, fue maltratada, física y verbalmente, y fue testigo de abusos sexuales y de asesinatos entre menores combatientes para demostrar fidelidad al grupo.
Después de cuatro años, María encontró la fuerza para escapar. Hoy tiene 25 y trabaja para ayudar a otras menores y mujeres afectadas por el conflicto. Acaba de venir a España para dar a conocer su experiencia como niña soldado y concienciar de la necesidad de acabar con esa lacra. Escucha en la Web de AI su testimonio.
Un adolescente colombiano de 17 años que se unió a un grupo paramilitar cuando era un niño de la calle de 7 años declaró. "Te dan un arma y te obligan a matar a tu mejor amigo. Lo hacen para ver si pueden confiar en ti. Si no lo matas, le ordenan a él que te mate a ti. Tuve que hacerlo porque de lo contrario me habrían matado a mí. Por eso me salí, no podía resistirlo más".
Por desgracia, Colombia está llena de historias de infancias robadas por el conflicto armado. Al menos 8.000 niños y niñas son utilizados como soldados en Colombia y la edad media de reclutamiento no llega a los 13 años, según Naciones Unidas.
Es imposible calcular exactamente cuántos menores soldados hay en el mundo, pero se cuentan por decenas de miles. En 2007, al menos 24 países utilizaban a niños y niñas en intervenciones militares y con fines de inteligencia militar.
En Amnistía Internacional no queremos ver a más menores con uniformes militares ni armas. Por eso hoy quiero invitarte a hacerte socio/a para que nos ayudes a evitar historias como la de María. Te aseguro que es una gran satisfacción saber que contribuyes a mejorar el futuro de decenas de miles niños y niñas.
Esteban Beltrán
Director Amnistía Internacional España
Fuente de procedencia:
Website de Amnistía Internacional
Ver también:
Web de la Coalición Española para Acabar con la Utilización de Niños y Niñas Soldados
Blog: Fuera de Lugar
Entrevista a Juan Gutiérrez Cortines
Por Amador Fernández-Savater
Diario "Público", sábado 27 de febrero de 2010
La palabra “paz” es hoy la mayor obviedad. Sin embargo, en un mundo gobernado por la lógica de guerra y su espiral de héroes, mártires y terroristas, las acciones de paz son lo menos obvio, lo más oculto. Devolver al discurso de paz su potencia de transformación social significa reconectarlo con su pregunta central: cómo vivimos juntos.
¿Cuál es tu relación con el tema de paz, cómo has llegado hasta aquí?

Para contestarte tengo que abrir la autobiografía. Bien, yo participé muy directamente en el 68 alemán, por entonces residía en Hamburgo. Después del 68, entré en la onda maoísta de radicalización del marxismo. Vivía inmerso en una contradicción. Mi cultivo de la sensibilidad le debía mucho al 68 alemán, pero sin embargo militaba en un partido maoísta español muy rígido y separado de la realidad mientras que el uso de la violencia era algo de lo que me alejaba espontáneamente. Recuerdo que una vez invadimos la Facultad de Filosofía en Hamburgo que estaba en lo alto de una torre. Subimos en masa por la escalera para entrar, pero cubriendo la puerta de cristal había muchos agentes de seguridad armados con pistolas. Yo entonces me puse de espaldas a los de seguridad con las manos levantadas, para que la gente se detuviera y no hubiera violencia. No fue una acción meditada, sino un resorte. Había un tipo de violencia explícita que no quería que formara parte de mi vida. Así que cuando al partido se le ocurrió la idea de meterse en los nuevos movimientos sociales, yo me impliqué directamente en paz y ecología ya en España. Ese fue el origen.
¿Y cómo llegaste a fundar Gernika Gogoratuz?
Viviendo en Euskadi, a mí me atraía mucho Gernika, me parecía que allí había un símbolo de paz con una potencia enorme y donde podía entrar todo el mundo. Dentro de los símbolos se alberga mucha fuerza: no son cosas que sólo están en el cielo, sino que son parte de la tierra. A mediados de los ochenta yo andaba muy cansado de estar siempre en la otra orilla, siempre en un movimiento “contra” algo, opuesto a todas las instituciones. Así que presenté con un grupo de gente una propuesta de proyecto para un centro que se iba a abrir en Gernika para recordar el infausto suceso. Me ofreció la posibilidad Joseba Arregui, por entonces portavoz del Gobierno Vasco y Consejero de Cultura, a quien conocí a través de mi mujer, Frauke, que era muy amiga de la suya. Yo le dije a Arregui dos cosas. Por un lado, que íbamos a ser dependientes de las instituciones vascas, pero que queríamos ser independientes en la toma de decisiones. Él me respondió: “si es un centro con vinculación política no se lo cree nadie, tiene que ser un centro de la sociedad civil”. Así que mientras estuvo amparado por Joseba Arregi, pudimos experimentar tranquilamente, sin tutela. Lo otro que le dije es “mira, yo estoy dispuesto a trabajar el recuerdo, pero no para meterlo en el cajón del pasado, sino para abrirlo al futuro, a un horizonte de paz en convivencia”. De ese modo creo que el recuerdo tiene una fuerza nueva. “Gogoratuz” en euskera significa recordar, pero al mismo tiempo comprometerse a algo y también reflexionar. Un poco lo que Hegel designaba con la palabra “aufheben” (superación). Yo siempre decía “es como Hegel, pero más vital”. Pronto nos dimos cuenta de que Gernika era un símbolo con mucha fuerza, bien apoyado por su gente y su ayuntamiento, pero sin base histórica. Porque la historia del bombardeo era la historia sacada de las declaraciones de los pilotos alemanes y del diario que escribió el comandante Wolfram Von Richthofen. Entonces lanzamos el proyecto de recoger los testimonios orales de los supervivientes para contar la historia de otro modo, desde abajo. Una iniciativa bien bonita, donde aprendí mucho sobre la fuerza del recuerdo.

¿Cómo defines la paz?
La paz tiene dos caras entrelazadas e inseparables pero distintas. Varios expertos (Johan Galtung, Adam Curle, etc.) llaman a una cara paz positiva y a la otra paz negativa. Para definir la paz negativa, arrancan de Kant y su famoso ensayo sobre la "paz perpetua". Allí Kant dice que la paz no es sólo ausencia de guerra, sino también ausencia de la amenaza de guerra. Pero Kant sólo considera lo que ocurre entre Estados y deja fuera lo que pasa dentro de una sociedad, dentro de cada casa. Después de un viaje a Gambia, Adam Curle vio claramente cómo el bienestar de unas vidas puede destruir otras vidas y se dijo que eso había que incluirlo también en el concepto de violencia. La paz negativa es también superadora de eso. Johan Galtung dibujó lo que llamaba un “triángulo de las violencias”: hay violencia directa, estructural y cultural. La violencia directa es la que tiene un actor notorio que ejerce la violencia. La violencia estructural es mucho más anónima: vives bajo una estructura que mejora la vida de unos mientras empeora la de otros. Por ejemplo, en una familia puede haber amor, pero en Roma el pater familias podía matar o vender como esclavos a la mujer y a los hijos. Fíjate dentro de qué estructuras se establece ese amor, estructuras violentas y asimétricas. El cariño y las manifestaciones del amor pueden darse, pero como acto, no tienen estructura que las proteja. Y por último, la violencia cultural es por ejemplo la que va señalando blancos sobre los que disparar (clichés peyorativos como “sudaca”) o la naturalización de las jerarquías a las que se refería Mandela en su autobiografía cuando recuerda que los negros bajo el apartheid llamaban “papá” y “mamá” a los amos blancos. Así que el concepto de paz negativa se ha ido abriendo desde Kant para incorporar otras violencias que circulan en el seno de la sociedad: ya no sólo relaciones dañinas, sino también estructuras que las sostienen o culturas que las alientan. Es un gran avance.
Pero esa es sólo una cara…
En la comunidad de investigadores más o menos hay acuerdo en que la paz negativa consiste en rechazar la violencia y la guerra. Pero lo que yo no veo son muchos acercamientos a la otra cara de la paz, la paz positiva. Las más de las veces no se recoge entera, bien definida. Creo que todavía impera el punto de vista dialéctico: la violencia es el No a la vida, por tanto el No a la violencia es el Sí a la vida. Sobre este “pasodoble del No”, como yo le digo, hay grandes construcciones, desde Hegel a la Escuela de Frankfurt… O el mismo Marx cuando en el Manifiesto dice “el obrero no tiene patria, no tiene religión, no tiene familia, por tanto encarna al género humano”. Es el No a las especificidades que son el No al género humano. Durante al menos 150 años, la generosidad de mucha gente se ha entregado a esta fórmula: el No al No para llegar al Sí. Pero yo creo que esa clave está exhausta, en muchos sitios con el No ya no se avanza más. O se genera simplemente un espacio de justicia donde una vida no daña a otra, pero lo ocupa rápidamente el “homo economicus” que es estrecho de pecho, sólo se interesa por su propia vida individual y hace bien a otro sólo en la medida en que le trae cuenta. Lo define con mucha gracia Kant cuando dice que un mundo poblado por diablos viviría en paz, porque serán malos pero no tontos y se dan cuenta de que miran mejor por su propio interés comerciando que haciendo la guerra.
¿Entonces?
Pues vayamos directamente al Sí, a un Sí que no tiene que pasar por dos NO. La paz positiva es este Sí a la vida. Pero a una vida ancha, que quiere vivir y vive compartiendo con otros. Hay paz positiva en una sociedad allí donde cada vida da y recibe vida más allá de balances contables, donde hay estructuras que sostienen ese tejido cálido y una cultura que alienta compartir afectos y actos. Así, la paz, que ya rechaza la violencia con su cara negativa, además la trasciende. Llega a una vida ancha, abierta y compartida donde no lleva el simple encadenamiento de Noes.
Curiosamente para esa cara de la paz hay una palabra que algunos de vosotros conocéis, viene de Africa del Sur y la usa Nelson Mandela: “Ubuntu”. Desmond Tutu la define así: “Una persona con ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazado cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está seguro de sí mismo ya que sabe que pertenece a una gran totalidad, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos.”.
¿Qué significa una paz que trasciende la violencia?
Trasciende la violencia porque simplemente sucede sin que tenga que haberla alrededor: que una madre dé el pecho al niño es tan evidente que en ninguna historia del mundo aparece cuánto dieron de mamar las madres, en todo caso sale cuántas madres mataron y violaron en las guerras… Eso no se considera como paz, se considera como algo bueno, pero aparte. Pero a mí lo que me interesa es que al hablar de paz eso vaya también dentro. Yo aprendí de Adam Curle, un cuáquero que fue profesor en Harvard y luego estuvo al frente de la escuela de paz en Bradford, que la paz no es una cosa, sino una relación, un adjetivo. Hay relaciones de paz o de hostilidad. Yo desde ahí desarrollo la idea de que las relaciones no son un hilo, sino toda una madeja. Hay toda una madeja de relaciones. Toda relación es un conjunto de relaciones. Y las vetas de guerra y de paz están juntas, un resorte hace que salga una u otra, una relación u otra determina tu acto. La relación no es un hilo, ni un alambre, sino una cosa con muchos dedos con la que te estás tocando con otros. Todo lo que sea compartir y convivir en equidad -entre personas de distintos sexos, edades, lenguas, instrucción, situación legal o vínculos religiosos- promociona la paz en sus rasgos positivos. Una necesidad humana es compartir y al hacerlo brota alegría, gozo, hay celebración y fiesta, irradia la cara positiva de la paz. Aquí la paz resulta difícil de ver porque está demasiado a la vista, en otras ocasiones porque está oculta bajo la violencia…
¿A qué te refieres?
La cultura de guerra es hoy aún dominante y controla la comunicación. La violencia llama más la atención, es más espectacular, deja en sombra a la paz positiva. Por ejemplo, ¿qué sabemos de Serbia, de Colombia o de Guatemala? Que allí hay mucha violencia. Bien, es cierto. Pero si lo medimos todo por el grado de violencia, se nos escapa toda la dimensión de paz positiva, cómo la gente abre sus vidas a otros. Y hay muchísima en cada uno de esos lugares, como también, dicho sea de paso, en Euskadi. “Colombia muere cada noche y resucita cada mañana”, es una frase hecha allí. Una vez un cura de Medellín dijo que había que ver la ternura que existe en las bandas de jóvenes: una violencia hacia afuera terrible, pero una lealtad, una solidaridad, una entrega y una ternura increíbles en el seno de las bandas, que es la que les falta en sus familias. Lo que ocurre luego es que esa vida compartida sufre un vuelco terrible en la frontera hacia lo que se rechaza y finalmente desgarra también la paz dentro. El reto es cómo construir la paz sin una frontera dura, con materiales más porosos e incluyentes.
¿Cómo sacar a la luz esa paz positiva?
La memoria histórica puede ser, dando un paso más, una educadora de gran fuerza, tanto para la guerra como para la paz, según lo que recuerde. Desde hace unos 10 años está siendo más y más evocada y reactivada en Euskadi, en el conjunto de España y en Europa, particularmente en el centro y el este. Estas construcciones de memoria histórica sacan a la luz y resaltan las más atroces violencias, sanguinarias, opresoras, aterradoras. Al hacerlo desde el rechazo y la condena invitan al “nunca más” y son paz negativa, bien necesaria. Los recuerdos van saliendo por capas. Ahora está saliendo la memoria de cómo nos mintieron, qué crímenes cometieron, cuánto sufrimiento nos han causado, etc. Pero hay una capa más profunda que puede salir, porque bajo la memoria del régimen de violencia se encuentra escondido, olvidado por muchos y recordado por pocos, un sinnúmero de acciones de paz positiva.
¿En qué piensas?
Entre otras cosas, me refiero aquí a lo que en Gernika Gogoratuz llamábamos “semillas de reconciliación”, es decir, a acciones de la persona de un bando que, desobedeciendo la disciplina que ese bando impone, echa una mano de ayuda, muchas veces salvadora, a una persona del bando enemigo en gran necesidad o peligro.
Cuando fui al 50 aniversario del bombardeo de Dresde, vino alguien de Polonia y contó que habían publicado un libro que se llama Los doce justos. La palabra “justo” es judía. Por ejemplo, a Schindler le nombraron “justo”. Y contaban doce casos distintos. Hay un preso en la cárcel y su mujer va y le pregunta al guardián cómo está su marido, él dice que no la puede contestar pero luego le cuenta que su marido está bien. Ella le pasa algo de medicina y el guardián se la da al marido, rompiendo su disciplina. Esa paz positiva está oculta porque es una respuesta que sale desde abajo de la situación y no se puede hacer pública, porque se lo cargan.
Además, como la cultura de guerra es dominante, alguien puede contar la historia de que en el Jarama venía un tanque de Franco, se subió a la torreta, le echó un bidón de gasolina y el tanque explotó. El bueno es bueno, el malo es malo, todo está claro. Pero no es tan fácil contar que a ti te iban a llevar a un pelotón de ejecución y un oficial falangista que te había pedido un pitillo hacía seis meses estaba allí y dijo: “este es tonto, sabe arreglar motores, ya le doy yo su merecido, dejádmelo a mí”, dejándote luego escapar.
En una descripción histórica siempre la violencia llama más la atención. En el caso tan conocido de Anna Frank, se sabe que hubo unos que sabían que se escondían y lo denunciaron, muriendo ella finalmente en un campo de concentración. Pero durante años hubo otros que la escondieron, le dieron comida, jugándose la vida, pero eso no resalta. Lo que resalta es que un día entró la Gestapo y se la llevó.
Nuestra sociedad y todas las sociedades de Europa están plagadas por infinitas acciones de ese tipo, cuyo recuerdo se atesora escondido durante varias generaciones en la intimidad de la familia, pero que no se hace público, no queda recogido en una memoria histórica ni forma parte de la historia oficial, falta en los libros de texto, y apenas se recrea en manifestaciones artísticas. Con esa ausencia la memoria histórica no se puede educar más que a medias para la paz. Esa es otra gran asignatura pendiente: hacer la historia de la guerra civil y de la posguerra desde el punto de vista de las semillas de reconciliación.
¿Desde esos gestos de hacerse amigo del enemigo?
No es exactamente el enemigo, sino alguien que desde el bando enemigo está rompiendo sus leyes. Fjate en el ejemplo de Mandela, decía: para reconciliarme, para que los negros nos reconciliemos con los blancos, el apartheid tiene que desaparecer. Os damos la mano, pero tenéis que tirar abajo la estructura que nos divide, primero tirarla. Ahora, individualmente uno se puede reconciliar con alguien que está en el bando contrario, si ambos están luchando para que caiga esa estructura. Mandela se reconcilió con un carcelero antes de que cayera el apartheid, porque ambos estaban contra el apartheid, el carcelero era un traidor a su bando. A Mandela le reprochaban que todavía en la cárcel dijera a los blancos: yo no quiero que os vayáis de África del Sur, lo que quiero es que nos miremos a los ojos a la misma altura. Su sobrino, que era un líder del movimiento Black consciousness, formaba parte de un grupo exclusivamente de negros y se oponían a Mandela. Pero tengamos en cuenta que Mandela fue quien tramó, decidió y empezó la lucha armada. Y decía: “esto es terrible porque la sangre de la guerra Boer aún impide la reconciliación, pero no hay otra”. Y cuando vinieron de Norteamérica diciéndole: “Luther King ha respondido de forma distinta que usted”, Mandela decía “porque vive en un país distinto que yo”. Es algo muy duro, no conozco a un pacifista que se atreva a decir eso. La gran enseñanza de Mandela no es que hay que ser no violento, sino que se trata de abrir una vía en todo lo que haces para dejar lugar en el futuro a una reconciliación en la que uno no esté por encima del otro. Si al final sólo se reconcilian los no violentos con los no violentos, pues ¡vaya birria de reconciliación es esa, sólo entre santos varones!
En el fondo, estas “semillas de reconciliación” son sólo la capa heroica y más dramática del conjunto de vida compartida calladamente día a día entre personas atadas por fidelidades a grupos o bandos enfrentados o distantes entre sí. Basta con comparar Euskadi con Irlanda del Norte para darse cuenta de la mucha paz positiva que ya hay entre nosotros.
¿La gente que ha sufrido violencia directamente puede ver, valorar o promover esta paz positiva?
Es precisamente de ella de quien lo he aprendido. Pienso por ejemplo cuánto significa para la gente de "Mañana en Paz" ("Peaceful Tomorrows", asociación de víctimas del 11-S) o de la "Asociación 11-M Afectados del Terrorismo" sentir cómo otros se les unen cuando ha pasado algo tan tremendo. Ese abrazo social que dice “estamos todos contigo” es paz positiva, paz de vidas engarzadas. A mí me gusta mucho usar la metáfora de la respiración: la paz como un viaje de ida y vuelta hacia dentro y hacia afuera. No creo eso de que primero hay que buscar la paz interior y luego llevarla fuera. Mi amigo Jesús Abril, de la Asociación 11-M, dice: “a mí me han matado a un hijo y me han quitado la paz”. Yo lo entiendo: te haces tantos reproches a ti mismo si te han matado a un hijo que eso te rompe la paz, ¿por qué ha pasado esto, por qué a mí? Pero luego Jesús dice: “precisamente por eso busco construir la paz junto a otros, porque no la tengo dentro”. Toma ya, ¡diles tu eso a tantos budistas que hay por ahí! Es un giro maravilloso desde su propia realidad.
¿Esa dimensión de la paz está reservada a gente excepcional?
En Colombia se critica mucho la reconciliación forzada, que se piensa sobre todo en claves cristianas de perdón y arrepentimiento, y yo estoy de acuerdo. No somos santos. Hoy en día se ve muy mal la venganza, como algo ruin y depravado. Pero cuando la violencia te rompe las defensas que protegen lo más íntimo y querido, te arrebata la paz interior. Parece que el mundo se ha desequilibrado y que para ponerlo de nuevo en orden hay que hacer lo mismo pero para el otro lado. No hay que negar esa sensación, yo creo que muchas veces es necesario recorrer el trayecto de la venganza. Pero mucha gente que recorre el trayecto de la venganza o la búsqueda de castigo queda al final insatisfecha, incluso si al asesino le ha caído la pena máxima. Porque nadie te devuelve al hijo que perdiste. Entonces puede aflorar la idea de paz positiva, de transformar el dolor en movimiento por una paz reconciliadora de justicia y convivencia.
Por último, explícame qué es la justicia restaurativa.
En la modernidad, las instituciones y el Estado se sitúan por encima de la sociedad. No es la sociedad quien ejerce directamente la justicia. Los tres poderes, base del Estado moderno, no están inmersos en la sociedad, sino que sitúan encima. Pero en el mundo de la mediación siempre ha habido voces que recuerdan que en las sociedades “primitivas” existe hace muchísimo otro tipo de justicia: la justicia restaurativa. Es una justicia escasamente punitiva orientada a la restauración del tejido social de vida compartida dañado al cometerse un crimen, que atribuye no sólo al delincuente, sino a la misma sociedad, que se hace responsable de su restauración. Esta justicia restaurativa es reconciliadora y está imbricada con la paz ante todo por su cara positiva. En Colombia existen los “amigables componedores”. Cuando hay un conflicto entre dos lugares, cada lugar elije a dos del otro lugar en los que tiene confianza, se juntan así cuatro personas con el compromiso de llegar a algo que sea bueno para ambos sitios. Es una forma de hacer justicia que está mucho más inscrita en la sociedad. En Suráfrica existen los “tribunales de garaje”, donde el juez no es quien sentencia con la información que dan las partes, sino quien avala la solución que las partes han encontrado tras intercambio de información y propuestas. Pero también hay que tener en cuenta que una sociedad, resentida, desorientada y que se siente impotente puede dar a luz sentencias muy demagógicas.
Fuente:
Fuera de Lugar
Una línea sobre el Mar > Paz desde la vida < Entrevista a Juan Gutiérrez
Se vuelve a aproximar el fatídico día 11 de Marzo y os queremos hacer llegar los actos en memoria que tendrán lugar ese día.
10:00 - Como todos los años, la Unión Sindical de Madrid de CCOO, UGT Madrid, y la Unión de Actores nos convoca en Atocha (entrada de cercanías) donde realizaremos una ofrenda floral.
11:00 - La segunda parte de este acto se llevará a cabo en el Ateneo de Madrid situado en la calle Prado nº 21 a las 11 de mañana, con la intervención de:
Javier López, secretario general de CCOO de Madrid.
Jose Ricardo Martínez, secretario general de UGT Madrid.
Jorge Bosso, presidente de la Unión de Actores.
Pilar Manjón, presidenta de la Asociación 11M Afectados del Terrorismo.
12:30 - Organizado por nuestra asociación, haremos un acto homenaje, este año en la estación Santa Eugenia, con la colaboración de la Asociación de Vecinos de La Colmena y la mancomunidad de propietarios de Santa Eugenia.
19:00 - Organizado por la Asociación de vecinos de El Pozo, como todos los años, habrá un acto homenaje en la estación.
«A las cuatro de la madrugada me levanté de la cama y fui a leer la carta», dice Robi Damelin. «Unos amigos palestinos sabían que la agencia de noticias Maan había publicado una carta del francotirador en respuesta a la carta que le escribí, pero les resultó duro hablarme de ello. Una noche, hacia las once, encendí el ordenador y tenía un correo electrónico que me había enviado una amiga de América, donde me decía que había una carta. Piénselo: vivo sola, ya era tarde y no podía empezar a llamar a la gente. Estaba perpleja y tenía miedo de leer la carta. No podía dormir por mucho que lo intentaba.»
Justo antes del Yom Kipur, Robi Damelin, de 65 años, activista de la organización Israeli-Palestinian Bereaved Families for Peace (también conocida como Círculo de Padres-Foro de Familias, o PCFF por sus siglas en inglés) reveló en estas páginas (I forgave him, -Lo perdoné- revista Haaretz, 25 de septiembre) una carta inusual de reconciliación que había escrito al francotirador palestino que mató a su hijo David, un oficial del cuerpo de reserva. En marzo de 2002, Ta’er Hamad se colocó con una carabina antigua en una colina frente a un punto de control en Wadi Haramiya, mató a ocho soldados y a dos civiles israelíes y escapó ileso. Dos años y medio después, en octubre de 2004, fue arrestado por una unidad de las Fuerzas de Defensa israelíes que operaba en su pueblo, Silwad. Tras saber que lo habían encarcelado, Damelin decidió contactar con él y su familia, buscando la reconciliación.
« Para mí, ésta es una de las cartas más difíciles que tendré que escribir en mi vida», les escribió unos meses más tarde. «David tenía 28 años, estudiaba en la Universidad de Tel Aviv y estaba haciendo un máster en filosofía de la educación. David era parte del movimiento por la paz y no quería servir en los territorios ocupados. Sentía compasión por todas las personas y entendía el sufrimiento de los palestinos. Trataba a todos a su alrededor con respeto. David era parte del movimiento de oficiales que se negaba a servir en los territorios ocupados pero, por muchos motivos, fue a servir cuando le llamaron para cubrir un servicio de reserva. No puedo describirle el dolor que siento desde su muerte. Después de que capturaran a su hijo, he estado muchas noches sin dormir pensando qué hacer: ¿debería ignorar todo esto o intentar encontrar un camino que lo deje zanjado? Decidí que deseaba escoger el camino de la reconciliación.
Robi Damelin esperó varios años a la respuesta de Hamad, que rápidamente hizo que se esfumara cualquier esperanza que pudiera albergar en la reconciliación. «Supe recientemente del contenido de una carta de Robi Damelin, madre del soldado David, que fue uno de los 10 soldados de la ocupación que fue asesinado en la operación por la que se me condenó a 11 cadenas perpetuas», dijo Hamad. «No puedo dirigirme directamente a la madre del soldado. No porque me resulte difícil hacerle llegar mi respuesta desde la cárcel, sino porque mi mano se niega a escribir en un estilo que personifique la política de la ocupación, que se niega a reconocer y aceptar los derechos de nuestro pueblo. No puedo mantener un diálogo con alguien que insiste en equiparar al criminal y a la víctima, y a la ocupación y a sus víctimas. Ésta es mi respuesta a la carta de la Sra. Robi y con ella quiero criticar su estilo sarcástico cuando cree que con palabras emocionales se puede resolver este conflicto de décadas.»
Hamad rechazó rotundamente la mano que le tendió una madre llena de dolor. «La Sra. Robi no explicó lo que llevó al soldado David a alistarse», continúa. «No conoce el hecho rotundo de que su hijo no sólo participó en la tortura de mi pueblo, sino que además estuvo al frente de los autores de las matanzas y el asesinato. Por su carta, parece que viva en otro planeta. Olvida que el difunto Abu Amar (Yasser Arafat) pidió la paz hace 35 años. Me gustaría recordar a la madre del soldado David que la historia demuestra que un pueblo que no lucha contra la ocupación con todos los medios, incluidas las armas, no puede conseguir sus derechos. Ésa es la lección que debe aprenderse al ver a sus aliados los americanos que fueron humillados en Vietnam y ésa es la lección de la retirada de su ejército del Líbano. Deben apartar sus manos de nuestra tierra y de nuestra gente y, si no, es nuestro deber matar a los asesinos.»
«La Sra. Robi dice que se unió a una organización de padres israelíes y palestinos por la paz después de la muerte de su hijo», añade Hamad. «Ésta es una asociación de padres que perdieron a sus hijos en el conflicto y ella, Robi, está decidida a poner al mismo nivel a nuestros mártires y a sus bajas, asemejando a los que luchan por sus derechos con los ocupadores. Del mismo modo que me negué a dirigirme directamente a la madre del soldado, no deseo conocerla en persona. No puedo conocer a un ocupador de nuestra tierra en la misma tierra. Llevé a cabo la operación como parte de la lucha por la libertad, la justicia y el establecimiento de un estado independiente, no por sed o deseo de asesinar. Los actos de violencia son una necesidad que nos ha impuesto la ocupación y no abandonaré este camino mientras dure la ocupación.»
«Durante más de dos años y medio estuve esperando una carta y, de repente, tras el artículo en Yom Kipur, recibí la respuesta», dice Robi en su casa de Tel Aviv. «No tengo dudas de que el artículo le sirvió de catalizador. Admito que no esperaba que su carta fuera tan cruel y política. Buscaba algo personal porque quizá quería que fuera un proceso personal. Pero no hay nada personal en su carta de respuesta. Es una especie de declaración. También es un manifiesto, pero al final, su carta está llena de clichés políticos. No contiene un pensamiento profundo más allá de la justificación política de los luchadores por la libertad que quieren lograr su propio estado.»
Unos días más tarde, Damelin decidió responder a Hamad. «Ta’er», comenzó, «escribiste que David fue al ejército para matar, pero este joven, que dedicó casi todo su tiempo a conseguir un cambio mediante la educación, dijo: “Si fuera al servicio de reserva, trataré a todos con respeto y así lo harán mis soldados”. Creo que éstas no son las palabras de una persona violenta. Creo que éstas son las palabras de una persona que está convencida de que no deberíamos estar en territorios ocupados. Un palestino al que me encontré después de que mataras a David me dijo que había hablado con mi hijo el día anterior y que sintió mucho oír que lo habían matado. Éste es el lado humano del conflicto. Dices que mataste a 10 soldados y civiles con el objetivo de acabar con el conflicto. ¿Podría haber algún elemento de venganza personal debido a que presenciaste cómo unos soldados israelíes mataban de forma violenta a tu tío y cómo perdiste a otro tío en la segunda intifada? ¿Crees que has cambiado algo? Creo que el asesinato de seres humanos, en ambos lados, sólo contribuye al ciclo de la violencia.»
Damelin dice que sólo escribiendo es capaz de pensar y poner las cosas en perspectiva. «Me senté y en 20 minutos había terminado. Entonces entendí una vez más que realmente ya no soy la víctima de este hombre. Si lo fuera, mi escrito habría contenido mucho más enfado y rabia. Pero no fue así. Mi reacción fue tristeza por toda la situación, por la falta de esperanza, por una persona que, después de recibir una carta así de mi parte, me responde de la forma en que lo hizo. Me pareció triste que él o sus amigos en la cárcel, que quizá le ayudaron a redactarla, no vieran el lado humano: el suyo y el mío.»
Es obvio pero, ¿qué sentido tiene escribir otra carta? Ya ha visto lo que tiene que decir.
«Casi todo el mundo me dice lo mismo. Pero cuando luchas con alguien, el primer encuentro es el más dramático. En el segundo, ya no estás tan enfadado. Quiero que este hombre que mató a mi hijo entienda lo que estoy haciendo.»
Aun con todo, no puede ignorar que él ve a su hijo como un criminal y un ocupante.
«Básicamente dijo que mi hijo es un asesino. Por eso era tan importante para mí escribirle otra vez. Sé que si este francotirador hubiera tenido la oportunidad de conocer a David, no habría podido matarle. En este sentido, mi respuesta es casi para proteger a mi hijo. Y sí, hay algo de insulto cuando dice que no estoy siendo sincera, cuando sé hasta qué punto examino cada día quién soy [y me pregunto] si realmente siento lo que digo.»
¿Hay algo en concreto que le motivara a escribir su segunda carta?
«Desde que recibí su carta, no podía dormir por las noches. Una mañana, muy, muy temprano, estaba preparando la comida para los gatos y escuchando la radio. Esa mañana escuché una entrevista de la BBC a Jo Berry, hija de un miembro del Parlamento británico, y a Patrick McGee, un activista del IRA que fue responsable de poner la bomba en el Parlamento de Londres que mató a su padre. Hablaban sobre su primer encuentro y sobre el proceso de reconciliación por el que están pasando. Era como si estuviera hecho a mi medida: Cuando les escuché pensé que quizá no estaba loca como todo el mundo piensa, y me fui a mi cuarto a escribir.»
«Me resulta difícil imaginar que Ta’er y yo hiciéramos algo así. Me resulta difícil imaginar la continuación de lo que estoy haciendo. No espero recibir ninguna carta la semana que viene y no espero que nos encontremos algún día. Este es un proceso que podría durar 20 años más.»
¿Qué dice tu hijo mayor?
«Cuando le conté a Eran que había recibido una carta del francotirador, esperaba que me dijera “Por Dios, mamá, déjalo estar”. Pero dijo algo realmente bonito. Me dijo: “Mamá, esto también es el comienzo de un diálogo.»
Original en inglés: ver artículo "Forgiveness of dead IDF soldier’s mother leaves Palestinian killer cold "
Está sentada frente a la cortina blanca del balcón y lleva una galabia negra. «Lo verdaderamente raro de mi vida a día de hoy es que no tengo secretos», dice Robi Damelin, de 65 años, activista en la organización Israeli-Palestinian Bereaved Families for Peace (también conocida como Círculo de Padres-Foro de Familias, o PCFF por sus siglas en inglés). «Solía ser una persona que defendía mucho su privacidad. A pesar de tener una empresa de relaciones públicas en Tel Aviv y muchos amigos periodistas, nunca invité a ninguno a mi casa. Hoy todo está abierto, libre. Después de que asesinaran a David, fui al psicólogo. Me dijo: “Sabes, Robi, ahora eres libre”. Al principio no lo entendí. Me preguntó: “¿Qué más puede pasarte? A partir de ahora, harás cosas y ni el miedo ni el ego se cruzarán en tu camino.” Y tenía razón. Desde que mataron a David, mi vida ha cambiado, ha tomado otro rumbo. Todas mis prioridades y sentido de la proporción han cambiado. No creo que la gente pueda entender lo que realmente significa perder a un hijo.»
Hace siete años, un palestino tomó posición en una colina desde la que se podía ver la intersección donde se encontraba la Policía británica, al norte del asentamiento de Ofra en Cisjordania, y durante más de 20 minutos utilizó un rifle antiguo para ir matando uno por uno a soldados y a civiles en el puesto de control de Wadi Haramiya. Disparó 25 balas y mató a tres civiles y a siete soldados de las Fuerzas de Defensa israelíes, incluido el hijo de Damelin, David. El francotirador resultó ileso. El incidente y las excelentes habilidades de tiro que parecía tener generaron muchas especulaciones sobre la identidad del tirador. Algunos decían que debía de ser un francotirador muy experimentado de la Fuerza 17 de la Autoridad Palestina, o incluso de la Armada republicana irlandesa. Dos años y medio después, en octubre de 2004, Ta’er Hamad, de 24 años y miembro de Fatah, fue capturado por una unidad de las Fuerzas de Defensa israelíes que operaba en el pueblo de Silwad. Durante su interrogatorio, reveló que en 1998 encontró un rifle antiguo y 300 balas y que lo cogió para ir al valle a practicar el tiro. También indicó que el día del atentado, sólo dejó de disparar porque el rifle se le había roto en sus propias manos.
La captura del francotirador y el descubrimiento de su identidad dejaron a Damelin descorazonada. «Cuando le cogieron, no sentí ninguna satisfacción», dice. «No hay lógica en la venganza y nunca busqué venganza. Para mí, esta captura fue la prueba real de mi percepción de mí misma, una prueba para ver si realmente pienso lo que digo cuando hablo de reconciliación, de paz. Pensé “¿cómo puedo ir por el mundo hablando de reconciliación y paz si yo misma no comienzo por ese camino?” Durante cuatro meses, mi vida fue una agonía, busqué dentro de mí misma, intenté comprender si realmente lo pensaba y al final decidí escribir una carta a la familia del francotirador.»
Los amigos palestinos del Foro de Familias le entregaron la carta a la familia, que decía así:
«Para mí, ésta es una de las cartas más difíciles que tendré que escribir en mi vida. Me llamo Robi Damelin, soy la madre de David, que fue asesinado por su hijo. Sé que no mató a David porque fuera David; si le hubiera conocido, nunca habría hecho algo así. David tenía 28 años, estudiaba en la Universidad de Tel Aviv y estaba haciendo un máster en filosofía de la educación. David era parte del movimiento por la paz y no quería servir en los territorios ocupados. Sentía compasión por todas las personas y entendía el sufrimiento de los palestinos. Trataba a todos a su alrededor con dignidad. David era parte del movimiento de oficiales que no quería servir en los territorios ocupados, pero por muchos motivos fue a servir cuando le llamaron a cubrir un servicio de reserva.
Lo que provoca que nuestros hijos hagan lo que hacen, es no entender el dolor que causan a su hijo teniendo que estar en la cárcel durante muchos años y al mío, al que ya nunca podré abrazar ni ver otra vez, o verle casado o del que tendría nietos. No puedo describirle el dolor que siento desde su muerte y el dolor de su hermano y su novia, y de todos los que le conocían y le querían.», escribió Damelin.
El juez del Tribunal Militar, Yehuda Lieberman, condenó a Hamad a 11 cadenas perpetuas.
«Entiendo que el pueblo palestino considere a su hijo un héroe. Se le considera ser un luchador por la libertad, que lucha por la justicia y por un estado palestino independiente y viable,» escribió Damelin en la carta a la familia de Hamad, «pero también siento que si entendiera que llevarse la vida de otra persona no es la solución y si comprendiera las consecuencias de sus actos, vería que la solución de la no violencia es el único camino que tienen ambas naciones para convivir en paz… Nuestras vidas como dos naciones están tan entrelazadas, que cada uno de nosotros tendrá que abandonar sus sueños por el futuro de los niños que son nuestra responsabilidad… No sé cuál será su reacción, he corrido el riesgo, pero creo que lo entenderá, ya que proviene de la parte más sincera dentro de mí. Espero que le enseñe esta carta a su hijo y que quizá podamos conocernos en el futuro.»
Something isn’t right here
La película tuvo un gran impacto en Damelin. Le sacó de su rutina diaria y le llevó a dar un paso poco común. «Este proceso se estaba gestando dentro de mí», dice. «Durante el tiempo en que aún no habían cogido al chico que mató a David, estaba como fuera de ello. Cuando le cogieron, algo cambió. La gente de las fuerzas armadas vino y me dijo que le habían cogido, pensaban que me iba a poner a bailar alrededor de la mesa y a brindar para celebrarlo. Pero les dije de inmediato que quería conocer al tirador. No esperaban esa reacción. Me preguntaron que si quería asistir a su juicio. Eso no era lo que quería, no me parecía importante. También pensé en él, en el tirador. Sé que cuando era un niño, mataron a su tío ante sus ojos. Fue brutal. En una segunda intifada, desaparecieron dos de sus tíos. De repente, decidió vengarse, pero lo que no entendió es que no existe tal cosa. No importa a cuánta gente mate, no le hará sentirse mejor.»
¿Sabes cómo reaccionaron sus padres a tu carta, a tu dolor?
«Probablemente no esperaban recibir una carta de una madre a cuyo hijo lo mató su hijo. Me comentaron que ellos dijeron que si todos firmaran mi carta, habría paz. Pero no hicieron nada con ella. Yo esperaba que se la dieran a su hijo, pero no fue así. No sé por qué. Hace poco más de un año, a petición mía, un miembro palestino del Foro que visita a prisioneros palestinos leyó mi carta al tirador. Se quedó impactado, como te puedes imaginar. Dijo que me escribió una carta. Ahora estoy esperando a que me la entreguen.»
¿Qué esperas que diga en esa carta?
¿Cómo te sentiste en ese momento?
«Cuando me dijo eso, estábamos comiendo juntos. Cuando lo oí, casi vomito encima de la mesa. Al final de nuestro encuentro, decidí volver a casa en autobús, así tendría tiempo para calmarme. Empecé a pensar. Me pregunté “¿Qué esperabas? ¿Que llegara a casa y lo sintiera? ¿Debería afectarme su comportamiento?” Es muy complicado, como puedes ver. Pensé “¿Qué es el perdón? ¿Puedo encajar todo esto sólo si el tirador me dice que lo siente? ¿Mis sentimientos dependen de él o puedo liberarme de esto sin él? ¿El perdón, intentar reconciliarse, supone renunciar a la justicia?”»
¿Hay respuestas alguna vez?
«A veces. Siento que perdonar a alguien que nos hizo algo malo no significa que aceptemos eso que nos hizo. El perdón no significa que olvidemos lo que hizo. El perdón no justifica la acción. Ni siquiera por un momento quito importancia a la injusticia que se hizo o renuncio el derecho a la justicia. Ciertamente, el perdón no invita al que nos hizo daño a que nos haga daño otra vez.»
En su casa se celebraba Yom Kipur y era un día de gran importancia. «Mi padre fue el representante de la sinagoga ortodoxa de la ciudad. Sin embargo, a pesar de que la sinagoga era ortodoxa, no era como la ciudad de Bnei Irak y la gente iba en coche a los servicios. Yom Kipur era un día en que toda la familia participaba. La mayoría de la familia ayunaba, pero yo no. No creía en eso. Ya desde niña, era rebelde, recuerdo como si fuera ayer que en un Yom Kipur fui al cine a ver una película de Ingmar Bergman. Mis padres se enteraron y en casa hubo un drama tremendo por eso.»
«Yom Kipur era uno de los acontecimientos más importantes en la comunidad judía. Pero yo nunca pertenecí a comunidades de personas. No lo hacía a propósito, es simplemente mi forma de ser. Mi padre siempre intentaba convencerme para que fuera a la sinagoga y yo no quería. El ritual religioso no me dice gran cosa, pero la introspección profunda sí. En el último Yom Kipur decidí llamar a la gente y pedirles perdón.»
¿Qué cambió?
«Empecé con el Yom Kipur hace dos años, cuando conocí a los judíos de una sinagoga en los Estados Unidos. Hablamos del significado del perdón y les leí la carta que había escrito al francotirador. Fue algo muy poderoso. La palabra “perdón”, cuando proviene de un lugar genuino, es extremadamente poderosa. Esta palabra puede cambiar naciones. El perdón es un paso enorme en la creación de la negociación. La gente no entiende el poder del perdón.»
Su adaptación al nuevo país no fue fácil y la mentalidad israelí siguió siendo algo indescifrable para ella durante un tiempo. «Cuando llegué aquí, no sabía lo que era sefardí o asquenazí, no conocía esas categorías», dice. No tenía ni idea del racismo tan inherente a esta nación. No me formé una opinión rápidamente sobre dónde quedarme. Fui donde me llevaba la corriente. Tras el kibutz, fui a un centro de enseñanza de hebreo en Jerusalén para aprender esta lengua y era muy aburrido. Allí conocí a una mujer palestina de Belén que estudiaba en el centro, Vida Mashour, que después se convirtió en la esposa de Lutfi Mashour, el fallecido redactor y editor de A-Sinara, de publicación semanal. La comida en el centro era horrible y me invitó a comer a casa de sus padres. Nos hicimos muy buenas amigas. Me resultó muy fácil conectar con ella, no tenía nada contra nadie.»
Posteriormente, Damelin comenzó a trabajar para el Jerusalem Post. Su primer trabajo allí consistía en responder cartas de lectores enfadados del extranjero, dice con un poco de sarcasmo. «Allí me enamoré de una persona y me llevó dos años descubrir que estaba casado. Después de quedarme con el corazón roto, me mudé a Tel Aviv. En la nueva ciudad, trabajé para la Federación Sionista Sudafricana. Principalmente mi trabajo se centraba en ayudar a los inmigrantes recién llegados a encontrar trabajo. Durante ese período, me casé con un viudo judío de Sudáfrica, pero nos divorciamos unos años después. Vivimos en Herzliya y tuvimos dos hijos que se llevaban un año de diferencia. Eran y David.»
Tras el divorcio, Damelin volvió a Tel Aviv con sus hijos, que tenían ocho y nueve años, y abrió una empresa de relaciones públicas que estuvo en funcionamiento desde mediados de los ochenta hasta 2004. «Un periodista amigo mío me propuso la idea y pensé que sería una posibilidad interesante, incluso aunque no supiera nada sobre relaciones públicas» recuerda Damelin. «Me gusta aceptar retos y la idea me atrajo. Poco a poco, empecé a entender cómo funcionaba. Con el tiempo, trabajé con el Canal de Historia, con editoriales, con Lehem Erez [una cadena de cafeterías muy famosa] y el Canal National Geographic.»
Cuanto más descubría sobre la actividad del Foro, más se daba cuenta de que ese grupo al que al principio era tan reacia a unirse, sería un cálido hogar, un lugar donde le gustaría estar y mediante el cual podría actuar en nombre del cambio y de la reconciliación entre estos dos pueblos. «Me costó un poco decidir dedicarme a esto y ahora es mi vida», dice. «Después de que asesinaran a David, comencé a buscar una forma de evitar que los israelíes y los palestinos experimentaran esta pérdida tan terrible. Busqué una forma de parar el ciclo de la violencia. Hubo momentos muy poderosos que hicieron que estos encuentros me cautivaran.»
Da un ejemplo de esos momentos. «Estaba viajando a Italia con Nasra Shihab, una madre palestina que perdió dos hijos. Estábamos sentadas una junto a la otra en el autobús de camino a una entrevista conjunta para la radio del Vaticano. Ella no habla hebreo ni inglés y mi árabe deja mucho que desear, así que cogió dos fotos de sus hijos de la cartera y me las puso en el regazo. Desde ese momento, hemos tenido un vínculo extremamente fuerte que trasciende el idioma y la cultura. Tiene que ver con el dolor. Me di cuenta de que el dolor es nuestra arma más poderosa para una confianza compartida.» David, un oficial en el cuerpo de ingenieros de combate, era uno de los oficiales del servicio de reserva que se negó a servir en los territorios. ¿Por qué acudió cuando le llamaron?
«Cuando se formó un grupo de oficiales que no quería servir en los territorios, David se unió a ellos y fue a todas las manifestaciones. Durante todo su servicio normal, era algo que detestaba, no quería servir en los territorios ocupados. Cuando le llamaron para hacer el servicio de reserva, volvió a surgir el asunto. No quería ir, pero en ese momento estaba dando clase en una academia premilitar laica para jóvenes líderes que comenzó en el kibutz Metzer en los Altos del Golán. Él pensó que si no iba al servicio de reserva, estaría defraudando a sus soldados y a sus alumnos. Al final, encontró un motivo para servir y para dar ejemplo a otros tratando a los palestinos con respeto.»
¿Cómo era tu relación con él?
«Éramos muy buenos amigos. Solíamos sentarnos hasta las cuatro de la mañana hablado sobre las manifestaciones que organizaba, sobre cómo rebajar las tasas de matrícula en las universidades, por ejemplo, o sobre cómo hacer que la prensa se interese por la lucha social de los estudiantes. Escuchábamos música juntos, cocinábamos juntos…»
El puesto de control fue desmantelado el día después de que mataran a su hijo, dice. «Estoy enfadada conmigo misma también, por no protegerle, por no evitar que fuera allí. No es una situación donde sólo valga blanco o negro, pero sé que al buscar la reconciliación con el asesino de mi hijo, busco la reconciliación conmigo misma. En este sentido, el dolor es un catalizador. Nunca habría llegado a pensamientos tan profundos si no fuera por el dolor. Es muy duro. Me duele incluso cuando veo a mis nietos, cuando voy a sus fiestas de cumpleaños y pienso “¿Dónde está David? ¿Dónde están sus hijos? En los momentos más felices de mi vida, hay siempre tristeza.»
El nombre de Hamad aparece en la lista de prisioneros que Hamas quiere que liberen a cambio de Gilad Shalit. ¿Cómo te sientes ante la posibilidad de que pudiera quedar libre?
«No puedo decir que sea algo fácil para mí. Es duro pensar que podría andar por ahí libre. Pero la vida es más importante que todo lo demás. Si la liberación de la persona que asesinó a mi hijo salva a Gilad Shalit, mi corazón no alberga ninguna duda de que debe ser liberado. Un intercambio de prisioneros es parte del progreso en las negociaciones. Así es como sucedió en Irlanda [del Norte] y en Sudáfrica también.»
Robi Damelin organizó una exposición internacional de cómics que trataban sobre el conflicto israelí-palestino, a través de la cual espera concienciar sobre la actividad y el mensaje del Círculo de Padres-Foro de Familias. La exposición, titulada Cartoons in Conflict (cómics en conflicto), se encuentra en el Museo del Cómic israelí (Cartoon Museum), contiene trabajos de los cinco continentes. La exposición viajará a los Estados Unidos y a capitales europeas, indica Damelin, acompañada por dos representantes del Foro, un israelí y un palestino, que la utilizarán como «catalizador para fomentar el mensaje de reconciliación y esperanza».
El Círculo de Padres-Foro de Familias incluye a más de 500 familias, la mitad de ellas israelíes y la otra mitad palestinas, y todas ellas han perdido a algún familiar cercano en el sangriento conflicto entre los dos pueblos. «Precisamente mediante el cinismo y el humor, los cómics muestran lo demente e innecesaria que es la guerra», dice Damelin. «El Círculo de Padres-Foro de Familias ha asumido una tarea muy difícil, un reto», dice Michel Kichka, el comisario de la exposición. «Un reto porque la paz, la reconciliación y la tolerancia parecen inalcanzables por la mañana, más cercanas que nunca por la tarde y lejanas por la noche. Un reto porque el Círculo de padres, en el que todos han sufrido, se dirigió a un tipo de arte que es radical por naturaleza para tratar con este tema tan sensible y complejo. La caricatura es, por definición, mordaz y a veces muy rotunda, tanto divertida como dolorosa. Y consigue darnos en el punto débil porque dice la verdad con unas pocas pinceladas.»
«Cuando entras en la exposición, ves mucho humor y humanidad por parte de los ilustradores», dice Damelin. «Veo a gente muy apática, que en su día a día no dedican ni un solo pensamiento al tema de la reconciliación; al estar en frente de los dibujos y sentirse conmovidos, piensan para sí.»
Original en inglés: ver artículo "I forgave him"