International Network for Peace

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16 de Marzo, 44 aniversario de la matanza de My Lai

El heroísmo de tres soldados americanos que intervinieron para detener la matanza

International Network for Peace

Domingo 20 de mayo de 2012

En la madrugada del 16 de marzo de 1968, el helicóptero OH-23 del soldado Thompson no se encontró con fuego enemigo en la zona 4 de My Lai. Al avistar a dos sospechosos, posibles soldados del Frente Nacional de Liberación de Vietnam (FNL), obligó a los vietnamitas a rendirse y los trasladó para que les sometieran a un interrogatorio táctico. Thompson también marcó con humo verde la ubicación de varios vietnamitas heridos, señal de que necesitaban ayuda.

Al volver a la zona de My Lai hacia las 9:00 de la mañana tras repostar, se dio cuenta de que las personas que había marcado estaban muertas. En un arrozal junto a una acequia a 200 metros al sur del pueblo, señaló la ubicación de una joven vietnamita herida. Mientras Thompson y su tripulación sobrevolaban a poca altura el área, vieron como el capitan Ernest Medina, comandante de la compañía Charlie (llamada compañía C), 1º batallón, 20º regimiento de infantería, se acercó a la mujer, la movió con el pie y después la mató de un disparo.

Entonces, Thompson sobrevoló una acequia de riego llena de docenas de cuerpos. Horrorizado por la escena, llamó por radio a los helicópteros de combate que lo acompañaban, sabiendo que esa comunicación la escucharían muchas personas en la red de retransmisiones: «Me parece que aquí se están produciendo matanzas innecesarias. Hemos visto una acequia llena de cadáveres. Algo va mal.»

El movimiento que detectó en la acequia le indicó que todavía quedaban personas vivas en la zona. Thompson aterrizó el helicóptero y descendió. David Mitchel, sargento y jefe de escuadrón del 1º pelotón, compañía C, se acercó a él. Cuando Thompson le preguntó si podían ofrecer alguna ayuda a las personas de la acequia, el sargento respondió que la única forma de ayudarlos era acabar con su sufrimiento. Entonces apareció el teniente William Calley (comandante del 1º pelotón, compañía C) y ambos tuvieron la siguiente conversación:

- Thompson: ¿Qué ocurre aquí, teniente?
- Calley: Eso es asunto mío.
- Thompson: ¿Qué es esto? ¿Quién es esta gente?
- Calley: Solo sigo órdenes.
- Thompson: ¿Órdenes? ¿De quién?
- Calley: Solo sigo...
- Thompson: Pero son seres humanos, civiles desarmados, señor.
- Calley: Mire Thompson, esto es asunto mío. Yo estoy al mando. No es cosa suya.
- Thompson: Sí, claro, buen trabajo.
- Calley: Será mejor que vuelva al helicóptero y se ocupe de sus propios asuntos.
- Thompson: ¡Esto no acaba aquí!

Thompson volvió a despegar y Andreotta informó de que Mitchel estaba ejecutando a gente en la acequia. Lleno de rabia, Thompson sobrevoló la parte noreste del pueblo y avistó a un grupo de unos diez civiles, incluidos niños, que corrían hacia un refugio antiaéreo artesanal. Les perseguían soldados del 2º pelotón, compañía C. Al darse cuenta de que la intención de los soldados era matar a los vietnamitas, Thompson aterrizó el helicóptero entre los soldados y los vietnamitas, y les dijo a Colburn y a Andreotta que si los soldados empezaban a disparar contra esa gente o contra él, estos deberían dispararlos con sus ametralladoras M60.

«Cubridme, si estos bastardos abren fuego contra mí o contra esta gente, abridlo contra ellos. ¡Prometédmelo!». Entonces se bajó para hacer frente al jefe del 2º pelotón, Stephen Brooks. Thompson le dijo que quería ayuda para sacar a esa gente del búnker.

- Thompson: Escuche, no dispare. Voy a intentar sacar a esta gente del búnker. Retenga a sus hombres aquí.
- Brooks: Sí, podemos ayudarles a salir del búnker… ¡con una granada de mano!
- Thompson: Retenga aquí a sus hombres. Conozco una forma mejor de hacerlo.

Brooks no quiso discutir con él, aunque como oficial al mando, tenía mayor rango que Thompson.

Tras convencer a los 11 vietnamitas para que salieran del búnker, Thompson consiguió que los pilotos de los dos helicópteros UH-1 Huey (Dan Millians y Brian Livingstone) los escoltaran para evacuarlos. Cuando Thompson volaba a la base para repostar, Andreotta detectó movimiento en una acequia de riego en la que había unos 100 cadáveres. El helicóptero volvió a aterrizar y bajaron para buscar supervivientes. Tras barrer la zona entre los restos de los asesinados y hombres, mujeres y niños muriéndose, Andreotta encontró a un niño vivo llamado Do Ba. Thompson llevó en helicóptero al superviviente al hospital militar vietnamita de Quang Ngai.

Al regresar a la base hacia las 11:00, Thompson informó en tono agitado a sus superiores de la masacre. Sus acusaciones de asesinatos a civiles llegaron rápidamente a oídos del teniente coronel Frank Barker, el comandante general de la operación. Barker se comunicó por radio con su jefe para descubrir, en boca del capitán Medina, lo que ocurría sobre el terreno. Medina dio entonces la orden de alto el fuego a la compañía C para acabar con la matanza.

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Thompson redactó un informe oficial sobre los asesinatos y fue entrevistado por el coronel Oran Henderson, el comandante de la 11ª brigada de infantería (encargada de la 20ª infantería). Preocupados, otros oficiales estadounidenses cancelaron operaciones similares previstas por el grupo de Barker contra otras poblaciones (zona 5 de My Lai, zona 1 de My Lai, etc.) en la provincia de Quang Ngai, lo que probablemente evitó la masacre de otros cientos, o quizá miles, de civiles vietnamitas.

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Cuando las noticias sobre la masacre llegaron a la opinión pública, Thompson repitió su relato al entonces coronel William Wilson y al teniente general William Peers durante sus investigaciones oficiales desde el Pentágono. A finales de 1969, Thompson fue convocado a comparecer en una vista especial a puerta cerrada en el Comité de Servicios Armados del Senado, en Washington. Allí, recibió duras críticas de los congresistas, en especial del presidente Mendel Rivers, que pretendían a toda costa desmontar las acusaciones de masacre de las tropas estadounidenses. Rivers declaró públicamente que creía que Thompson era el único soldado de My Lai que debería recibir castigo (por dirigir sus armas contra tropas estadounidenses) e intentó, sin éxito, que se le declarara un consejo de guerra. Cuando se hicieron públicos sus actos, Thompson comenzó a recibir cartas insultantes, amenazas de muerte y animales mutilados en la puerta de su casa.

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En 1988, un productor de documentales inglés, Michael Bilton, que trabajaba para Yorkshire Television, logró contactar con él mediante su madre, que por entonces era viuda y vivía en Texas. En ese momento, Thompson casi había desaparecido de la vida pública. Bilton había estado hablando con el antiguo compañero en combate de Thompson, Larry Colburn, y los puso en contacto después de 16 años. Tanto Thompson como Colburn habían estado intentando encontrarse pero no lo habían conseguido. Thompson vivía en Lafayette, Luisiana, y Colburn cerca de Atlanta, Georgia, y enseguida acordaron reunirse. Bilton voló a Estados Unidos y pasó unos días con Thompson hablando sobre los acontecimientos de My Lai. Este fue el comienzo de una gran amistad que duró hasta la muerte de Thompson.

Tanto él como Colburn acordaron ser entrevistados para el documental Four Hours in My Lai (1989), que en EE. UU. se tituló Remember My Lai? para PBS, que llegó a ganar el premio de la British Academy y un Emmy internacional. La entrevista mostraba cómo Thompson superaba con dolor lo que había presenciado en My Lai y su sensación de impotencia por no poder evitarlo. «Aquí se supone que éramos los chicos buenos. Me sentí decepcionado.» Bilton y su compañero Kevin Sim comenzaron a trabajar en un libro y el primero realizó más entrevistas a Thompson y Colburn. La publicación del libro Four Hours in My Lai (1992) […], que se convirtió en película en 2009, fue el desencadenante de una campaña para que se reconociera el heroísmo de Thompson y de su tripulación. Varias figuras prominentes de las fuerzas militares estadounidenses apoyaron la campaña, al igual que el Presidente George H.W. Bush. Thompson y Colburn fueron invitados a hablar ante numerosas audiencias sobre la ética en la guerra, incluida la Academia Militar de West Point (en EE. UU.), una conferencia en Noruega y la Universidad de Connecticut de New London, donde se les entregó un doctorado honoris causa. La Universidad de Connecticut invitó de modo especial a Bilton para que presentara a Thompson y a Colburn a la audiencia de estudiantes y académicos.

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Exactamente treinta años tras la masacre, Thompson, Andreotta y Colburn recibieron la medalla al soldado (en el caso de Andreotta, a título póstumo), que es la mayor condecoración del ejército estadounidense por valentía que no implica contacto directo con el enemigo. «Fue su capacidad de hacer lo correcto incluso a riesgo de sus seguridad personal lo que guió a estos soldados a hacer lo que hicieron», dijo el entonces el alcalde Michael Ackerman en la ceremonia, en 1998. Los tres «han establecido las normas que todo soldado debe seguir». Además, el 10 de marzo de 1998, el senador Max Cleland registró un homenaje a Thompson, Colburn y Andreotta en el registro del Senado de EE. UU. Cleland afirmó que estos tres hombres eran «verdaderos ejemplos del patriotismo estadounidense en su máximo exponente».

Asimismo, en ese mismo año, Thompson y Colburn regresaron al pueblo de My Lai, donde se reunieron con algunos de los habitantes que habían rescatado, entre ellos Thi Nhung y Pham Thi Nhanh, dos mujeres que estaban en el grupo que iba a ser asesinado por el 2º pelotón de Brooks. También dedicaron un nuevo colegio a los niños del pueblo.

En 1999, Thompson y Colburn recibieron el premio «Coraje de la conciencia» de Peace Abbey. En ese mismo año, fueron copresidentes de STONEWALK, un grupo de llevó una roca de una tonelada con un grabado que reza «A los civiles anónimos asesinados en las guerras», desde Boston hasta el cementerio nacional de Arlington.

En una entrevista en el programa 60 Minutes en 2004, se citaron las palabras de Thompson al referirse a los hombres de la compañía C implicados en la matanza: «Desearía ser un hombre lo bastante grande como para poder decir que los perdono pero juro a Dios que no puedo».

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Las acciones de Thompson y su tripulación han servido como ejemplo en los códigos éticos de servicios militares estadounidenses y europeos.

[...] Thompson [...] murió el 6 de enero de 2006 [...]. El 8 de febrero de 2006, el congresista Charles Boustany, realizó una declaración de homenaje en la que afirmó que «Estados Unidos ha perdido a un verdadero héroe y el Estado de Luisiana a un líder lleno de dedicación y a un querido amigo».

Traducido por Beatriz Abril del artículo de la Wikipedia:
Hugh Thompson, Jr.


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