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Perdió a su hermana en el 11-S pero se manifiesta por la paz
Viernes 22 de abril de 2011
[/Traducido al español por Beatriz Abril a partir de:
"She Lost Sister on 9/11, but Marches on for Peace"/]
Sería el titular de una historia con mucho tirón, pero es completamente cierta.
Terry, de 54 años, se unió a cientos de miles de manifestantes en Manhattan, la mayoría de ellos impulsados por compartir su oposición a la guerra en Irak. Sin embargo, mucho antes de la muerte de Laura Rockefeller, licenciada por la Universidad de Siracusa en 1981, Terry ya era una activista por la paz.

- Terry Rockefeller
Ella cree que se habría manifestado en Nueva York incluso aunque su familia, sin relación alguna con los famosos Rockefeller, no se hubiera visto afectada por los atentados terroristas. Terry es miembro de Amnistía Internacional de toda la vida, una organización dedicada a la justicia y a los derechos humanos.
Aun con todo, si no hubieran asesinado a Laura con 41 años, Terry duda de que hubiera viajado a Irak justo antes de la ocupación estadounidense, un viaje en el que habló con mujeres iraquíes que habían perdido a sus maridos o hijos debido a actos de guerra. Duda que hubiera conocido a supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, supervivientes que han dedicado su vida a la paz en el mundo.
Dichos encuentros ocurrieron después de que Terry se uniera a Peaceful Tomorrows, un grupo creado por familiares de víctimas del 11-S. La organización se dedica a crear un mayor entendimiento global. Terry explicó que le ha ayudado a recordar que los Estados Unidos es tan sólo una de las muchas naciones donde personas inocentes sufren de forma rutinaria por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.
Esa realidad, afirmó, casi nunca aparece en el debate nacional.
«Daría lo que fuera por que Laura estuviera viva», dijo Terry. «Pero han muerto 3.000 personas en Estados Unidos. En el último recuento, decenas de miles han sido asesinadas en Afganistán y en Irak. Si realmente fuéramos un líder mundial, entenderíamos que todas esas vidas son iguales. Las familias de esos civiles asesinados en nombre de mi hermana están igual de devastados que mi familia.»
En la víspera de la Convención nacional republicana, Terry se manifestará hoy con un grupo llamado 9-11 Families Against the War (Familias del 11-S contra la guerra). Por lo que a ella respecta, la protesta debería ser un medio pacífico para mostrar al mundo que muchos americanos están en contra de que su propio gobierno invada Irak.
Nada de esto significa que ofrezca perdón a los asesinos de su hermana.
«Estoy muy enfadada», dijo Terry, que vive con su marido e hijas en Massachusetts. «Estoy enfadada porque mi hermana tenía toda la vida por delante y yo la necesitaba a mi lado, quería que me acompañara toda mi vida, y mis hijas se merecían tener una tía que estuviera con ellas en su graduación, en su boda y en cualquier acontecimiento del futuro.» «Sin embargo, no voy a parar de decir que asesinar como forma de venganza no hace ningún bien. Para mí, lo que marca la diferencia real es la verdad y la justicia.»
Para Terry, una productora de documentales, todas las visitas a Nueva York le traen recuerdos de Laura, que había logrado papeles protagonistas como estudiante de la Universidad de Siracusa en producciones locales como “Gypsy” y “Carnival”.
Después de la Universidad, Laura se mudó a Manhattan. Su pasión seguían siendo las artes escénicas, desde obras para la temporada de verano hasta teatro infantil, aunque tenía que pagar el alquiler. Laura trabajaba para una empresa que coordinaba conferencias comerciales. El 11 de septiembre, su trabajo le llevó a Windows on the World, un restaurante en lo alto de las torres gemelas.
«La última conversación que tuve con ella fue bastante tonta», dijo Terry, que era nueve años mayor que su hermana. «Se había metido en uno de esos huertos comunitarios en Massachusetts. Le habían dado una caja de pepinos y se preguntaba qué podía hacer con más de 2 kilos de pepinos.»
Quedaron para verse y se dijeron adiós.
Laura no había mencionado que trabajaría en las torres gemelas. El día de los atentados, Terry no paró de llamar a su apartamento. Se dijo a sí misma que todo estaba bien, hasta que una de las amigas de Laura le llamó por la tarde.
Los padres de Terry son mayores. Durante varias semanas, su hija superviviente les ayudó a gestionar la burocracia que implica la pérdida de un hijo adulto en una muerte violenta y sin sentido.
A pesar de su dolor, Terry nunca pensó que la mejor respuesta fuera la guerra.
«El 12 de septiembre, tuvimos una ocasión, tuvimos una oportunidad», explicó Terry. Dijo que los Estados Unidos, como receptores de la compasión global, podrían haber unido al mundo en un esfuerzo humanitario por luchar contra la pobreza, la ignorancia y el hambre – herramientas básicas de reclutamiento de los terroristas.
«En lugar de eso, ocurrió lo que me temía», afirmó Terry. «Hicimos un gran espectáculo de cambio de régimen pero no hemos cambiado las vidas de las personas que podrían inclinarse por el terrorismo debido a su desesperación.»
Con todo esto en mente, estará hoy en Nueva York. Sabe que puede que muchos estadounidenses se queden perplejos al ver que alguien que ha perdido tanto por culpa de unos asesinos sin corazón se manifieste contra lo que su propio gobierno mantiene que es una respuesta que corresponde a la ley del ojo por ojo. Terry ofrece muchas respuestas pero esta es la que podría resumir mejor a todas:
«Si Laura estuviera aquí», afirmó, «creo que ella también iría a la manifestación».
© 2004 The Post-Standard
Publicado el domingo 29 de agosto de 2004 en The Post-Standard (Syracuse, NY)
Artículo principal:
¡No en mi nombre! Terry, Beatriz, Hadiya
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