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Heridas antiguas y nuevas en Bosnia-Herzegovina
Sábado 5 de junio de 2010
[/Traducción de Beatriz Abril Alegre/]
[(Había oído que murieron 200.000 personas durante las guerras de los años noventa, justo cuando la democracia llegaba por fin a Sudáfrica. Ésta era mi segunda visita a los Balcanes después de haber estado en Kosovo unos años antes.
Visité Bosnia y Herzegovina el 9 de abril y mi estancia duró 9 días, tiempo en el que fui acompañado por Victor Cervati. Svetlana Broz, una mujer sincera y de gran valentía y nieta de Tito de Yugoslavia, fue quien me invitó. La conocí hace 8 años en Cambridge, Estados Unidos. Svetlana lidera una ONG llamada Gariwo, que fomenta lo que ella llama la “valentía civil”. Escribió un libro titulado “Gente buena en tiempos de maldad” sobre los que actuaron con humanidad y compasión hacia “el otro” durante los conflictos étnicos.)]

Gariwo había dispuesto que se tradujera mi biografía (bajo el patrocinio de la Embajada Noruega) al bosnio (la única lengua a la que se ha traducido). La traducción la realizó Zeljka Vojinovic, que es una persona de renombre y viuda de la guerra bosnia. La OSCE nos ayudó en lo que respecta al transporte, con el patrocinio de la Embajada de los Países Bajos y los alcaldes de Sarajevo, Tuzla y Bihac.
Viajamos por Bosnia y Herzegovina después de haber pasado unos días en Sarajevo visitando Tuzla, Mostar, Srebrenica y Bihac con un equipo encantador y muy bien organizado de Gariwo. Hubo una gran cobertura mediática de la visita, promociones públicas del libro donde se ofrecían copias gratuitas y charlas a estudiantes universitarios. Llegué como un desconocido para convertirme en un famoso un par de días más tarde. Varios empleados de Gariwo llevaban preparando la visita entre 3 y 4 meses. Prácticamente todas las personas que conocimos habían perdido familiares en el conflicto. Muchas de estas experiencias se me quedarán grabadas en la retina: cementerios, genocidio y encuentros personales. Estoy seguro de que habrá oportunidades futuras de realizar el trabajo de cura de los recuerdos en Bosnia y Herzegovina.
El día posterior a nuestra llegada, nos llevaron a ver el túnel que era el único vínculo con la vida durante el asedio de Sarajevo a principios de los noventa, unos pocos años después de que albergara los Juegos Olímpicos. No resulta fácil imaginar lo que fue vivir en una ciudad sitiada en tiempos modernos, especialmente durante un duro invierno con poca comida, sin calefacción o electricidad y bombardeos y disparos de francotiradores a diario.
Fuimos también a Mostar, ciudad famosa por el precioso Puente Antiguo por donde pasaba la ayuda financiera internacional (sobre todo de Turquía, Italia, los Países Bajos y Francia), gestionada por el Banco Mundial. La UNESCO estableció un Comité Internacional de Expertos para reconstruir el puente antiguo y la ciudad de Mostar, pues había sido destruido. Las obras de cimentación comenzaron en junio de 2001 y el trabajo de reconstrucción, manteniendo la estética de los edificios del S. XVI, finalizó en 2002. En una reunión en Durban, Sudáfrica, se aprobó que la ciudad fuera nombrada Patrimonio de la Humanidad. Resulta trágico que con la construcción del puente, la cuidad se caracterice por un “apartheid” donde la gente vive separada y los niños van a colegios distintos.
Tuzla es una ciudad con un alcalde extraordinario, que es Jasmin Imanovic, que tiene un gran índice de popularidad y una visión moral en pos de su ciudad y ciertamente de su país. Durante la guerra, los jóvenes se reunían en una plaza de la ciudad el día del cumpleaños de Tito, en que se celebraba el Día de la Juventud, el 25 de mayo de 1995. La plaza fue bombardeada y la mayoría de los que murieron tenían entre 18 y 25 años. Cada lápida incluye la foto del difunto y muchos de ellos eran adolescentes con toda una vida por delante.
Desde Tuzla viajamos a Srebrenica, un lugar conocido en todo el mundo por el genocidio que tuvo lugar ante la mirada de las tropas holandesas de la ONU, a pesar de que el lugar había sido declarado santuario por el Consejo de Seguridad. Nuestra visita estaba llena de tensión. Su alcalde nos dijo que todo iba bien y que los antiguos residentes estaban volviendo. Unos minutos más tarde, el líder local de otro partido político nos dijo justo lo contrario, exponiendo que la gente estaba abandonando la ciudad y que había un gran clima de desaliento.
Visitamos la zona del genocidio en Srebrenica y Hassan, superviviente del genocidio, nos la mostró. Tanto su hermano gemelo como su padre fueron asesinados allí. Nos dijo que trabajar como guía y contar la historia que aconteció es lo que puede hacer por su hermano y por su padre. Para esconder a las víctimas del genocidio, las enterraron el tumbas secretas y posteriormente volvían a excavar y a enterrar. Esto ha generado muchas dificultades a la hora de identificar los restos que se han descubierto.
En la promoción del libro en Srebrenica, dije que este lugar era conocido por todo el mundo como un lugar de gran dolor y también de vergüenza para el mundo entero porque NINGUNO DE NOSOTROS logró proteger a los musulmanes bosnios que habían huido allí en busca de protección. Poco después de empezar a hablar, un grupo de jóvenes salió de la sala y permanecieron fuera del edificio con gran nerviosismo. Alguien escuchó que dijeron que si tuvieran algo que lanzar, lo lanzarían. Al final del encuentro, nos pidieron que abandonáramos rápidamente la ciudad.
Me impresionó mucho la reacción emocional que tuvieron los que se sintieron aludidos por simples declaraciones de verdad y que respondieron con gran enfado. Sin embargo, incluso allí hubo signos de esperanza. Había preguntado a la audiencia qué tipo de sociedad soñaban para sus hijos y nietos. Una joven estudiante dijo que no esperaba al futuro, que ya estaba viviendo su sueño cada día.
La última ciudad que visitamos fue Bihac, un lugar precioso cercano a las aguas cristalinas del río Una. Aquí fue donde conocimos al grupo más animado y receptivo de estudiantes de una facultad técnica, algunos me invitaron después a ser su amigo en Facebook.
En el Teatro Nacional en Tuzla, una mujer se puso en pie y habló sobre su hijo, que había sido asesinado y sobre cómo su vida ya no tenía sentido después de que su marido muriera al poco tiempo. Fue como si no hubiera nadie en la sala aparte de nosotros dos con una conversación tan íntima. Le pregunté, al igual que le pregunté a otra mujer muchos años atrás: ¿Qué tipo de vida habría deseado su hijo para usted?
Otras personas me susurraban al oído sus historias personales o las compartían a la mesa mientras cenábamos.
Una mujer me contó una historia que sigue viniéndome a la mente. Su hijo, que es medio serbio, estaba inválido a causa de un accidente. Durante la guerra, ayudaba a un equipo médico en la defensa de Bosnia. Recibieron a un soldado serbio herido de gravedad y éste rechazó una transfusión de sangre porque ésta provenía de una enfermera bosnia (musulmana). El joven ofreció su propia sangre para salvar la vida del soldado. El soldado la rechazó diciendo que eso era mucho peor viniendo de alguien con una identidad étnica mezclada y murió. A día de hoy, este joven ha empezado a sentir odio por esa parte de él que es serbia. Qué necesidad tan urgente y tan profunda de curar existe.
Durante nuestro último fin de semana en Sarajevo, el general jubilado Braco Fazlic del Ejército bosnio, líder de los partisanos que defendían la ciudad durante el asedio, nos contó una historia fascinante de primera mano del asedio, donde hablaba del cementerio excavado en canchas de tenis y que ahora es el último lugar de reposo de todos los residentes de la ciudad que fueron asesinados durante la guerra.
La Embajada de los Países Bajos albergó un seminario en nuestra última mañana en el país sobre las lecciones que Bosnia y Herzegovina podría extraer del proceso de verdad y reconciliación en Sudáfrica. Esta reunión confirmó la afirmación que muchos habían hecho sobre la falta de un liderazgo visionario a escala nacional por parte de los líderes políticos y religiosos. Parece que esta realidad no es tan funesta a escala municipal, donde los líderes sí actúan a favor de los intereses de todos los ciudadanos.
La convergencia de las formas más estrechas de nacionalismo étnico con las etiquetas de cristiano, ortodoxo y católico en contraposición entre ellos y contra los musulmanes es tan venenosa y violenta en la antigua Yugoslavia como nunca lo ha sido con el nacionalismo cristiano en la Sudáfrica del apartheid.
Existe una necesidad urgente de encontrar formas de reconocer el pasado, un proceso de mecanismos para desintoxicar los corazones y las mentes de las personas para romper el círculo que convierte a las víctimas en victimizadoras.
Padre Michael Lapsley
Abril 2010
Enlaces relacionados:
(En inglés)
Gariwo
Institute for Healing of Memories
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