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Asedio a los refugios para mujeres afganas
Martes 1ro de marzo de 2011
KABUL, Afghanistán — Cuando sus padres la echaron de casa por negarse a contraer matrimonio con un viudo de 52 años que tenía cinco hijos, Sabra, de 18, se montó en un autobús que la dejó, asustada y confusa, en el centro de Kabul. Durmió en una mezquita durante días, sin apenas comer, hasta que una mujer se apiadó de ella y la puso en contacto con voluntarios de organizaciones proderechos humanos que la acompañaron hasta un centro de acogida.
Ese viaje, sumamente aterrador para una joven que nunca había ido más allá del bazar de la esquina, sería aún más duro con las nuevas leyes que está redactando el Gobierno afgano y que, según los defensores de las mujeres, disuadirán a estas y a las niñas más vulnerables de buscar refugio, además de poner a las casas de acogida bajo asedio.

- Christoph Bangert para The New York Times
- El Gobierno quiere controlar los refugios para mujeres. Sharifa, de 18 años, con su bebé en un centro de planificación familiar.
Las nuevas leyes son un testimonio de la desconfianza que siguen provocando los refugios para mujeres en esta sociedad profundamente conservadora, donde las casas de acogida simbolizan la competencia entre los valores modernos y tradicionales en Afganistán. Muchos creen que, enel mejor de los casos, su existencia alienta a las mujeres a escapar de casa y, en el peor, son tapaderas de burdeles.
Los cambios legislativos exigirán a una mujer como Sabra que justifique su huida ante un tribunal gubernamental integrado por ocho miembros, que determinará si necesita ingresar en un centro de acogida o debe ser enviada a la cárcel o de vuelta a casa, donde correría el riesgo de una paliza o la muerte. También será sometida a un examen físico que incluirá una prueba de virginidad.
Los defensores de las mujeres consideran que esta iniciativa es un ejemplo de un Gobierno que intenta complacer a los conservadores religiosos y sociales en un momento en que la Administración del presidente Hamid Karzai inicia un proceso de reconciliación con los insurrectos. Su temor es que los derechos de las mujeres sean la primera parcela en la que el Gobierno transija.
“No estoy seguro de por qué lo hacen. Quizá porque el Gobierno se está volviendo más conservador y para apaciguar a los talibanes”, aventura Manizha Naderi, directora de Mujeres por las Mujeres Afganas, que gestiona refugios y centros de planificación familiar en todo el país. “La violencia doméstica es cultural. Se necesita tiempo para que cambie, y cambiará, pero las mujeres deben tener un lugar seguro cuando sean víctimas de la violencia”, afirma.
Hace una década, ni siquiera existían refugios para las víctimas de abusos en Afganistán, donde incluso ahora muchas de las peores prácticas asociadas con la era de los talibanes, como los matrimonios concertados con niñas, los azotamientos públicos y la mutilación de las mujeres, persisten en las zonas rurales.
En la actualidad existen unas 14 casas de acogida, financiadas por una amalgama de organizaciones internacionales, donantes privados y Gobiernos occidentales. Las nuevas normas, redactadas por el Ministerio de Asuntos de la Mujer, someterán esos refugios al control directo del Gobierno.
Las normas han alarmado a los defensores de las mujeres, que temen que un tribunal designado por el Gobierno sea incapaz de soportar la presión de personalidades influyentes o gente que tal vez desee que sus hijas sean enviadas a casa para poder castigarlas de acuerdo con las costumbres afganas .
“Muchas veces he afrontado dificultades porque el gobernador o la autoridad del distrito apoyan a la familia en lugar de a la chica”, declara Soraya Pakzad, que dirige casas de acogida en las provincias de Herat y Badghis. “Si el padre es un ex comandante y el juez un amigo suyo y dicen que tienen que enviar a la chica a casa, podemos alzar la voz, pero me temo que no encontramos ese coraje en el Departamento de Asuntos de la Mujer”.

- Christoph Bangert para The New York Times
- Mahtab, 27 años, con su hijo Hussein, de año y medio, en una instalación administrada por Women for Afghan Women en Kabul.
Los directores de refugios dicen que están dispuestos a someterse a una estrecha supervisión gubernamental. Sin embargo, el Ministerio de Asuntos de la Mujer no dispone de presupuesto, personal o experiencia para encargarse de ello . “Si el Ministerio es incapaz de encontrar personal para sus oficinas en algunas provincias, ¿cómo va a encontrarlo para un trabajo más delicado como es el de gestionar casas de acogida?”, se pregunta Soraya Sobhrang, miembro de la comisión de derechos humanos que se dedica a asuntos de la mujer.
Altos cargos del Ministerio de Asuntos de la Mujer insisten en que la nueva normativa es por el bien de las mujeres y que no tienen intención de hacerse cargo de los refugios existentes. No obstante, una copia del borrador de la misma obtenida por The New York Times deja claro que las organizaciones no gubernamentales ya no dirigirán los centros de acogida.
A algunos miembros conservadores del Parlamento les gustaría que los refugios fuesen clausurados sin más. Según Haji Neyaz Mohamed, legislador de la provincia de Ghazni, en un 90% de los casos, cuando las chicas regresan de los refugios a sus aldeas, no son aceptadas por la comunidad y se convierten en sospechosas de adulterio. Mohamed condena rotundamente los refugios, que tilda de “lugares oficiales para aumentar la perversión” en su país. “Estos refugios traen problemas a las familias y empujan a las chicas a huir de sus casas”, asegura.
Con la colaboración de Sangar Rahimi.
El País - The New York Times - 24 de febrero de 2011
Original en inglés:
Afghan Proposal Would Clamp Down on Women’s Shelters
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