International Network for Peace
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Caminando hacia el horizonte de Reconciliación
Domingo 5 de octubre de 2008
Hablar de este tema resulta difícil y para muchos confuso y hasta irreal. En estos momentos hasta desconfianza sentimos de hacer público nuestro pensamiento.
En primer lugar la reconciliación la vemos y la sentimos como un horizonte muy lejano, si tenemos en cuenta lo que actualmente está pasando en el país y en nuestros municipios, que se resume en una supuesta calma que nos oprime, ya que no hay confianzas, hay confusiones, poca credibilidad en procesos que se están adelantando a nivel nacional y repetición de los hechos que tanto daño han causado en nuestras vidas y en el deterioro del tejido social.
No queremos sentirnos presionados/as en el tiempo, porque desde nuestras posibilidades y sentimientos estamos aportando a una construcción a largo plazo. La reconciliación se da al ritmo de la gente, desde distintos ángulos, pero a nuestro propio paso, sin obedecer a proyectos institucionales, ni estatales.
Las víctimas no estamos dispuestos/as a negociar en tan poco tiempo el dolor y la amargura que nos ha ocasionado tantos años de guerra. Renunciamos a la fórmula del "perdón y olvido", esto sería perder de nuevo nuestra dignidad, que poco a poco estamos recuperando en este proceso.
En la reconciliación no se puede permitir realizar procesos de paz sin justicia, sin sancionar el horror de la guerra, porque esto significaría abrir la puerta a que se repitan los hechos. ¿Cómo pensar en reconciliarnos sin transparencia, sin condiciones y garantías de protección, en medio de la mentira que estamos viviendo, donde las estructuras de guerra siguen instaladas en nuestros municipios pero de otras maneras?
Reconciliarnos parte de un proceso de recuperación del sujeto (su dignidad), una opción personal, donde el perdón no es una imposición, ni menos una disculpa para ocultar la rabia y el dolor que tenemos dentro. Seguiremos apostándole al perdón, porque hacerlo nos beneficia y sana nuestra existencia. Este proceso puede llegar a realizarse o no, depende de cada persona, y de las voluntades políticas y sociales que contribuyan a que nuestros derechos sean reales.
La Reconciliación debe ser concebida como un proceso que debe contemplar una visión integral de lo humano, implica la búsqueda de la equidad y el compromiso social, de respeto por el otro, por su vida y su integridad, de esta forma se construyen confianzas entre la sociedad, las víctimas y el Estado. Reconstruir confianzas implica un cambio de actitud entre los involucrados (especialmente de aquellos que han hecho la guerra) y de contar con un verdadero estado de derecho, ya que el conflicto armado no son sólo las armas, ni sólo una lucha entre los grupos armados, sino que implica un trabajo por la equidad y la inclusión.
En estos momentos aportamos a la reconciliación con la unidad de las víctimas, su visibilización y organización. Desarrolamos un trabajo de apoyo psicosocial que recupera la dignidad. Emprendemos acciones de resistencia civil frente a lo que ha pasado y sigue pasando. Aportamos a la construcción de la memoria histórica en las localidades. Estamos reconstruyendo vínculos en nuestras familias, volviendo a integrarnos con las comunidades, reconstruyendo un tejido social partiendo de nuestros hogares.
En un futuro, si hay garantías para hablar sin miedo, sin sentirnos utilizados/as, engañados/as, presionados/as, o que están comprando nuestro silencio, podremos acercarnos a la otra cara del enemigo para que se nos aclaren los hechos. Sólo será posible si la voluntad de cambio es con hechos y no siguen respondiendo a la estructura de guerra. Con una relación tan asimétrica entre víctimas y victimarios, y en medio de la mentira y la impunidad es irreal la reconciliación. En este escenario no podemos decir que la reconciliación nos compete a todos/as. Esta no es nuestra apuesta.
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