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The Observer

Los atentados del 7 de julio hicieron que cuestionara mis creencias

Sarfraz Manzoor

Domingo 24 de abril de 2011

Hadiya Masieh fue reclutada por radicales de Hizb ut Tahrir pero los atentados del 7 de Julio hace cinco años le abrieron los ojos

[/Traducido del original en inglés por Beatriz Abril/]

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Los atentados del 7 de julio - PDF

El próximo martes, la víspera del quinto aniversario de los atentados del 7-J en que murieron 52 personas en manos de terroristas islamistas, 100 mujeres judías ortodoxas y musulmanas devotas se unirán para intentar fomentar mayores vínculos entre ambas comunidades.

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Hadiya Masieh ahora dedica su tiempo a hablar contra el extremismo.
Fotografía: Sarfraz Manzoor para The Observer

Las mujeres se reunirán en una sala de cine en el oeste de Londres para una emisión especial de Arranged, una película sobre la amistad interreligiosa, antes de hablar y escuchar sobre sus respectivas vidas. El hecho de que este acto tenga lugar ya es en sí sorprendente, pero que lo que más asombra es que la mujer que lo ha organizado fue en su día una figura veterana de una organización islamista radical.

Hadiya Masieh, de 32 años y madre de tres hijos, fue durante 10 años miembro de Hizb ut Tahrir, el controvertido grupo que tiene por objetivo instaurar un califato islámico y que ha sido acusado de alentar el antisemitismo. Sin embargo, los terribles atentados del 7 de julio de 2005 transformaron su perspectiva. «Ahora siento que era una marioneta», dijo a The Observer. «Engañada porque no veía más allá». Hoy Hadiya dedica su tiempo a hablar contra el extremismo islamista.

Según se aproxima el aniversario de la peor barbarie terrorista de Gran Bretaña, la historia de su radicalización ofrece un nefasto recordatorio de cómo un joven puede perder las riendas. El modo en que logró dar un giro a su vida tras los atentados, incluso convirtiéndose en asesora del último gobierno sobre asuntos relativos a mujeres musulmanas, es uno de los pocos resultados positivos de un día lleno de horror.

En otoño de 1996, Hadiya era tan sólo una adolescente más que se marchaba de su casa y se alejaba de su familia para empezar la universidad. La hija, educada en un internado, de padres mauritano y ugandesa de clase media, fue criada como hindú pero incluso antes de ir a la universidad en Londres, ya había comenzado a cuestionarse su fe.

Durante los meses anteriores a su paso a la universidad, Hadiya comenzó a leer y aprender más sobre el islam, y cuanto más lo estudiaba, más convencida estaba de que el islam era el camino que quería seguir. En pocos meses tras su llegada a la Universidad Brunel, se había convertido al islam y había empezado a buscar allí compañeros musulmanes. «Buscaba personas que fueran religiosas», dice, «y ellos eran los más destacados».

«Ellos» eran los miembros de Hizb ut Tahrir (HT), la organización islamista radical que rechaza la democracia y hace campañas en pos de un califato islámico único. «Estaban en las salas de oración y parecían muy religiosos», afirma Hadiya. «Yo era una pizarra sin estrenar y estaba impresionada por lo bien que hablaban. Lo que decían me parecía que tenía sentido.»

Le dijeron a Hadiya que todo el mundo occidental quería destruir al islam y que Occidente temía el alzamiento de la ideología islamista. «Como era tan ignorante e ingenua, lo que decían conseguía persuadirme», explica, «y apelaba a mi lado político. Así que en poco tiempo, estaba pasando todas las noches con miembros de HT, donde me lavaban cada vez más el cerebro».

Los radicales musulmanes con los que pasaba más y más tiempo sustituyeron a su familia. «Hablábamos y no sólo debatíamos sobre religión, hablábamos de crear un mundo perfecto y establecer el estado islámico. Mis estudios eran secundarios en comparación con eso. Sentía que estaba realizando la obra de Dios.»

Al acabar la universidad, Hadiya se convirtió en miembro de pleno derecho de Hizb ut Tahrir y fue en la organización donde conoció a su marido. «Estaba muy metida en ello por aquel entonces», dice. «Pasaba mucho tiempo intentando reclutar a gente, yendo a manifestaciones, repartiendo panfletos, organizando mercadillos en zonas musulmanas para hacer que la gente se uniera a la organización.»

El 11 de septiembre de 2001, cuando los terroristas islámicos atentaron contra Estados Unidos, fue la prueba para Hadiya y sus compañeros radicales de que había otros que compartían su odio hacia América y Occidente: «El 11-S fue una gran publicidad para nuestra causa», revela. «Comprobamos que había mucha gente que escuchaba nuestra causa y cuando George Bush hizo su discurso, donde decía que se estaba con nosotros o contra nosotros, eso sólo logró reforzar lo que nuestra organización venía diciendo».

Pero para ella, 2001 no fue sólo el año en que cayeron las torres gemelas, fue el año en que tuvo su primer hijo. «Tener un hijo suponía que tenía menos tiempo para participar activamente en la organización», indica. «También me mudé de Londres, con lo cual, no estaba con la misma gente.»

Una vez fuera del núcleo de Hizb ut Tahrir, Hadiya empezó a cuestionarse poco a poco algunas de las afirmaciones que había estado predicando y en esta época de dudas, cuando estaba embarazada de su tercer hijo, fue al hospital para una revisión. La fecha de la cita era el 7 de julio de 2005. «Estaba en la habitación del hospital mientras las enfermeras me hacían pruebas pero con la mirada puesta en la televisión», recuerda. «Fue entonces cuando de repente me di cuenta de que no se trataba de una película, estaba ocurriendo en Londres, la ciudad que yo llamaba mi hogar».

Dos semanas después, el día de la segunda ola fallida de atentados terroristas en el metro de Londres, dio a luz. La sincronía del intento de asesinato con la nueva vida le convenció de que tenía que abandonar cualquier vestigio de su pensamiento radical y abrazar una versión más tolerante del islam.

«Los terroristas del 7-J y la gente que conocía de HT eran las dos caras de la misma moneda», dice. «HT afirma que no cree en la violencia pero nunca la condenó, simplemente no pensaban que fuera a lograr nada». Dijo a la organización que ya no creía en lo que predicaba y abandonó. En la actualidad, Hadiya trabaja para el Three Faiths Forum (Foro tres fes), una organización interreligiosa que pretende tender puentes entre las religiones. Sus campañas le han llevado a hablar en universidades, donde se reúne con jóvenes musulmanes que podrían estar tentados a inclinarse por el radicalismo.

«Como he estado ahí, puedo contrarrestar los argumentos de los extremistas de inmediato», afirma. «Sé cómo trabajan y cómo operan y puedo desmantelar sus argumentos. Si me hubieran ofrecido alternativas, nunca habría seguido el camino que elegí.»

Fuente de procedencia:
The Guardian - 4 de julio de 2010

Artículo principal:
¡No en mi nombre! Terry, Beatriz, Hadiya

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