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La doble tragedia: Los padres de los asesinos convertidos en parias

JoNel Aleccia, Vitals - NBC News; TRAD. DE BEATRIZ ABRIL

Sábado 4 de agosto de 2012

A medida que los reporteros se amontonan frente a la casa con tejado de tejas de los padres de James Eagan Holmes, acusado de asesinato, una extraña a 1.300 millas de distancia en Texas, llora por los que se encuentran dentro.

«Estoy preocupada por la familia», ha dicho Lois Robison, de 78 años. «Sé lo que es recibir la noticia de que tu hijo ha matado a varias personas».

El viernes pasado, cuando Holmes supuestamente abrió fuego en una sala de cine en Aurora, Colorado, sus padres, Robert y Arlene Holmes, fueron empujados instantáneamente a un club al que nadie quiere pertenecer: el de los familiares de los asesinos públicamente conocidos.

Al igual que los padres del asesino de Tucson, Jared Loughner, del que puso una bomba en la ciudad de Oklahoma, Timothy McVeigh, y de los asesinos de la Escuela Secundaria Columbine, Dylan Klebold y Eric Harris, rápidamente se convierten en parias, injuriados por criar a un monstruo.

Sin embargo, un grupo organizado en nombre de las familias de víctimas de asesinatos pide compasión y comprensión para las familias de los asesinos, también.

«Sufren de forma diferente que aquellos que pierden a sus seres queridos a causa de la violencia», dijo Renny Cushing, fundador y director ejecutivo de Murder Victims’ Families for Human Rights (Familias de víctimas de asesinatos por los derechos humanos) o MVFHR, que ha organizado sesiones de apoyo para las familias de los asesinos.

«Fui dolorosamente consciente del destierro al que son sometidos», dijo Cushing, cuyo padre fue asesinado en 1988. «Inmediatamente, aparece el pensamiento de que esas familias deben haber hecho algo mal para causar esto, que de tal palo, tal astilla.»

Esa sensación la conoce muy bien Robison, una maestra de tercer grado ya jubilada. Su hijo, Larry Keith Robison, fue ejecutado en 2000 en Texas por el estremecedor asesinato de cinco personas, incluido un niño de 11 años. Le habían diagnosticado esquizofrenia paranoide cuando tenía 21 años, tres años antes de los asesinatos de 1982.

A pesar de que casi han pasado 30 años del crimen, Robison todavía recuerda con claridad el impacto y el horror de los primeros días y la reacción de algunas personas en la comunidad de Burleson, Texas. Los reporteros rodeaban su casa; en los meses posteriores, algunos padres pidieron quitar a sus hijos de su clase.

Dejaron de ser Ken y Lois Robison, los maestros locales.

«Nos convertimos en los padres de un asesino en serie», dijo Robison.

«Es un cambio que ocurre repentinamente cuando el público, angustiado, busca alguien a quien acusar por un acto de asesinato sin sentido», explicó Cushing.

Efectivamente, Arlene Holmes, de 58 años de edad, ayudante técnico sanitario, y Robert Holmes, de 61 años, científico, son injuriados en público. Algunas personas comentan en internet que son «groseros» y sugirieron que eran responsables de los actos de su hijo.

El sospechoso del tiroteo en la sala de cine, James Eagan Holmes, compareció ante el tribunal por primera vez el lunes, donde un juez explicó por qué se le detenía sin fianza.

«¿Dónde estabas TÚ, madre? ¿Por qué no cuidaste de él?», se podía leer en uno de los comentarios de NBCNews.com. «A mí me parece una mala madre».

Otro comentario expresaba «lástima» por la familia pero con un matiz:
«Sé que si esto lo hubiera hecho uno de mis hijos, estaría totalmente destrozada (pero no podría ser ninguno de ellos, porque debe haber signos).»

La familia Holmes ha expresado su dolor por las 12 personas asesinadas y las 58 heridas y, mediante su abogada, han pedido respeto a su intimidad para hacer frente a la situación.

Indicaron que estarían junto a su hijo durante esta terrible experiencia.

«Creo que todo el mundo puede imaginarse cómo se sienten, cualquiera que haya sido padre», dijo la abogada y portavoz de la familia Lisa Damiani en la rueda de prensa del lunes.

Las familias de los asesinos reciben un duro golpe tras este tipo de tragedias pero, al contrario que las familias de las víctimas, podrían pensar que no tienen derecho a sentirse así, dijo Bud Welch, cuya hija de 23 años, Julie, fue asesinada en el atentado de Oklahoma en 1995.

Welch se reunió con Bill McVeigh, el padre de Timothy McVeigh, que fue ejecutado por el crimen.

«Es muy difícil para ellos, realmente muy difícil», dijo Welch, miembro de MVFHR, que se opone a la pena de muerte para los asesinos. «Bill McVeigh nunca podrá hablar en público de algo que Tim hiciera que fuera bueno».

En lugar de eso, los familiares de los asesinos luchan durante el resto de sus vidas contra la vergüenza y la culpabilidad por los actos de sus seres queridos.

«Yo le dije “Bill, no tienes nada de que disculparte. Tú no lo hiciste, no contribuiste a ello”», recordaba Welch.

Ese mensaje ha proporcionado algo de consuelo a otras familias de asesinos. Welch se reunió con los padres de Eric Harris, uno de los dos asesinos que dirigió el tiroteo de la Escuela Secundaria Columbine en 1999, donde murió.

El sentir público injurió a Wayne y Kathy Harris, los padres de Eric, y también a Tom y Sue Klebold, los padres de Dylan Klebold, el otro tirador en Columbine.

«La gente estaba tan enfadada… Decían “¿Cómo se han criado esos chicos?”», contaba Welch. «Pues se han criado exactamente igual que cualquier otro chico en Littleton.»

Lois Robison explicó que ella y su marido, Ken, de 81 años, han encontrado algo de alivio y ánimo al hablar sobre el crimen de su hijo y sobre la necesidad de un cuidado apropiado para las enfermedades mentales. Recibieron un gran apoyo de los familiares y de aquellos en su comunidad que les conocían.

«Cuando ocurrió, mi marido dijo “Podemos hacer dos cosas”», recuerda Lois Robison. «Podemos escondernos en una cueva y tapar la salida con una roca o podemos contar la verdad e intentar que esto no le ocurra a nadie más».

Bud Welch dijo que estaba tentado de contactar con las víctimas de Aurora, tanto las familias de los asesinados como la familia del supuesto asesino.

«Estos familiares en Aurora están pasando por un inmenso dolor. Necesitan mucha ayuda», afirmó. «¿La familia del asesino? Solo Dios sabe por qué infierno están ellos pasando también.»

Por JoNel Aleccia, NBC News

Traducción de Beatriz Abril Alegre

Versión original en el artículo: "Tragedy compounded: Killers’ parents become instant pariahs"


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